Ya dije antes que lo malo de viajar es regresar, principalmente porque uno sabe que no es el mismo que se fue, sino que hay algo internamente en proceso de reajuste. En mi caso, tiene que ver con mi espiritualidad cristiana, la cual debo confesar ha estado fundamentada en el señalamiento fariseo, en buscar a toda costa escoger si ser frío o caliente, blanco o negro, cuando la vida real está tan llena de tibiezas grises que son lo que le dan, curiosamente, clima y color a la existencia.
He vuelto, lleno de cariño, decía Joe Arroyo. Y cito a un cantante secular -oh término tan satánico- para empezar, porque ahora resulta que la relevancia espiritual de las personas se mide por las radicalidades de ultraderecha a las que se sometan. Regreso al ruedo y no pasaron muchos días desde que me bajé del avión para ya estar en boca de personas que cuestionan mi relación con Dios y mi estado espiritual según su propia estructura, y los entiendo, porque es común que la gente juzgue lo que está bien o mal según su aparato mental, esa carta de instrucciones con la que son criados y que difícilmente será renovada a menos que así se quiera.
No sé si sea por haber pasado por Hillsong NYC y Hillsong Buenos Aires -la iglesia favorita de esos mismos que ahora me ven como 'mundano', curiosamente-, pero justamente mi percepción de Dios cambió este año gracias a la convivencia con gente de carne y hueso, que podían estar la noche anterior compartiendo con amigos y hasta bebiendo cerveza -sí, los cristianos internacionales toman-, y al otro día ministrar en la tarima y disfrutar de la reunión dominical sin más extrañeza. Rimó y todo, aunque no era la idea.
Les voy aclarando, caza gazapos y caza fantasmas, que no hice parte de esas "prácticas mundanas", pero sí me impactó pensar que las realidades son mutantes, y que la libertad de obra parte de tener un corazón dispuesto a agradarle a Dios aún a pesar de la gente. Compartí con personas maravillosas cuyas vidas son hermosamente humanas. Sí, porque es bonito cuando uno reconoce esa limitante y finita facultad de vivir aprendiendo a cometer otros errores, que es mi definición de ser mejor persona. No se trata de perfección, se trata de disfrutar un poco más el amor de Dios siendo uno mismo.
A diario me esfuerzo por agradarle a Dios, y siempre creí que se trataba 100% de mí, de mis justicias, actos de bondad, y que por eso gente desprendida como Teresa de Calcuta era la única que podría agradarle. Yo, que colecciono cosas viejas, camisetas y cuanto souvenir me topo de Chespirito, no soy el mejor modelo a seguir entonces, pues además de ese instinto acumulador, soy videoso, trascendental, neurótico, exagerado e impulsivo, todo lo que un líder cristiano no debería ser según la religión organizada.
Lo más difícil de ser cristiano es tratar de complacer a otros cristianos. Esta es la forma de decir que ahora mi énfasis está en ser lo suficientemente humano y frentero como una manera de que se vayan desanimando de una vez aquellos que me tienen como 'referente', porque si mi forma de pensar, hablar, tatuarme, bailar, relacionarme con otros, et al, les da permiso para vivir alocadas vidas a costa de mi desprestigio, el problema no soy yo, son esos que buscan chivos expiatorios para justificar las decisiones que jamás se atrevieron a tomar.
Yo amo la luz y desecho la oscuridad, solo que no me veo a mí mismo como alguien de los buenos o de los malos. Simplemente, soy un ser humano que entiende su lugar de redención, que busca que otros encuentren el propio y así mismo reflejar una fe confiable donde las jerarquías no son sacrosantas, sino lo suficientemente humanas como para poner la mirada en el cielo, donde reposa lo único perfecto, lo único digno de imitar; no en este blog o yo, donde hay colores, ideas visuales y percepciones como daltónicos, ciegos y tuertos en el mundo.
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
lunes, 29 de febrero de 2016
jueves, 18 de febrero de 2016
A media luz
La ciudad es absolutamente turística, con las opciones y posibilidades de transporte, movilidad y señalización que hacen que un extranjero no se pierda, más tenga vida eterna. Y es que recorrerla a pie se hace tan mundano -en el sentido terrenal, no pecaminoso-, que genera esa sensación de recorrer grandes metrópolis, como cuando se recorre Nueva York. Como colombiano, uno sabe que está en el mismo continente, pero se siente esa amplia distancia cultural, de costumbres y de universo mental.
Después de estas letras con tinte de revista de avión, aquí van más postales desde Argentina, esta vez recorriendo otras comunas de Buenos Aires, que es como le llaman también a los barrios.
La popular Feria de San Telmo, que desde 1970 funciona todos los domingos en Defensa y recibe a más de 10 000 visitantes. Ahí es donde uno debe comprar el imán para la nevera, la billetera de cuero, la camiseta del Ché y otros muchos clichés.
Los puestos son negocios familiares de corte tradicional, donde las artesanías son cuestión de padres e hijos de todas las edades.
Imperdible venir a Buenos Aires y no conocer el Paseo de las historietas, circuito callejero por Monserrat, San Telmo y Puerto Madero. Allí se rinde homenaje a los personajes más importantes de la caricatura argentina, o como le llaman ellos, la historieta (obvio, por algo el paseo se llama así).
Ahí, en Defensa y Chile, a la altura 371, está la casa donde vivió Quino mientras hacía a Mafalda. Bueno, la foto lo dice todo.
La tradición es tomarse foto con Mafalda, Susanita y Manolito, el cual no sale en la foto porque lo tapó la señora del celular. La gente hace fila para esta foto, y la verdad vale la pena, porque Mafalda es de lo mejor que ha dado Argentina al mundo.
Cerca, muy cerca, está Puerto Madero, que es el barrio exclusivo de Buenos Aires. Aquí viven las personas con más plata del país, quedan importantes hoteles y hay todo tipo de restaurantes elegantes; y se entiende, pues la vista al río y a las fragatas hacen del paisaje algo inolvidable.
Pasar por Puerto Madero demanda caminar por el Puente de la Mujer, que es como cruzar el Brooklyn Bridge pero en menor escala.
El picnic en verano es casi que un plan imperdible en la Avenida Costanera. Aquí, las familias salen a tomar mate, compartir la comida y jugar Badminton. O por lo menos con eso me encontré.
El popular y bien ponderado Choripan, el cual sale, con bebida, por unos 53 pesos argentinos, que son como COP $11 000. Uno lo puede rellenar con lo que quiera.
El Rally Dakar tiene su parada y pasada obligadas por Buenos Aires. Aquí un fanático charla con uno de los pilotos que estaba limpiando su carro. La escena transcurre en la entrada del Hotel Hilton de Puerto Madero.
Estadio Luna Park, lugar donde las actividades culturales de todo tipo han tenido su lugar. Aquí Maradona hizo su fiesta de matrimonio, boxeó Carlos Monzón, tocó Red Hot Chilli Peppers, y predicó Dante Gebel. Todos gente de mi completa admiración.
Reza el tango de Carlos Gardel que aquí, en Corrientes 348, transcurre una historia de amor y cocteles. Lo bonito es que el lugar conserva la fachada homenaje, que hace que se resalte el lugar en la zona.
Para muchos, Corrientes 348 remite a Gardel. Para mí, remite a Rescate.
Pecado es no probar las empanadas argentinas, todas preparadas al horno, con muchos quesos y aceitunas negras. Aquí un puesto de empanadas en la Avenida Federico Lacroze.
Rosedal de Palermo, un lugar para quienes aman las flores. Yo, que soy severa flor, tenía que visitarlo. Obviamente no duré ni un minuto allí.
La gente cuestiona mucho el ego de los argentinos, pero cuando uno comparte con ellos se da cuenta de que tienen un arraigo distinto, una identidad nacional que no se pone en duda ante nada, tan diferente a Colombia. Este es un tremendo copy visto en GreenEat, maravilloso mercado natural.
Me explicaron que cuando un auto tiene una botella encima, quiere decir que ese auto está en venta. Creo que este tipo de cosas son las que revientan la cabeza del turista, como me pasó a mí, que quedé feliz de saber esto aunque no me servirá para nada en la vida.
Niños felices alimentando peces. El cuadro es totalmente internacional, casi que podría ser una postal de Miami. La foto fue tomada en un lugar bien internacional: el Jardín Japonés.
La comunidad asiática tiene en Argentina un lugar preponderante, casi que sucursal. Impacta ver a chinos, japoneses y koreanos haciendo negocios y conviviendo tan naturalmente.
Heladería Freddo, un clásico argentino que está en todo lado. Recomendado el helado de Mascarpone.
Y ya que hablamos de comida, esta es La Casona del Nono, restaurante de parrillada y carnes en Lavalle. Allí uno se puede aplicar una buena comida para dos en 300 pesos argentinos.
La pizza argentina es diferente, más delgada, más Chicago, más quesuda. Recomendada la Fruzzeta, que es hecha a base de Muzzarella y cebolla. Pizzería Kentucky en Palermo viejo, calle Soria.
El popular Subte, capturado en movimiento en plena Línea D Estación Scalabrini Ortiz. La forma de movilizarse así, por debajo de la tierra y a media luz, cosa a la que no estamos acostumbrados en Colombia, donde el 'a media luz' es común a la corrupción de vivir con zonas de oscuridad en todas las esferas del poder, no a tener un Metro y condiciones de transporte decentes.
jueves, 14 de mayo de 2015
A todos nos toca
A todos nos toca caminar para llegar más rápido, pasar la tarde en un parque, cantar pensando en jingles publicitarios, pedirle una foto a alguien que admiramos, llegar temprano a una entrevista de trabajo, esperar, compararse los zapatos con otro, pasar la calle por la cebra, ser parte de un flashmob, pedir ventana en un avión, hacer un brindis, ser miembro fundador de algo, viajar solos, enterrar a un amigo, adoptar una mascota, comenzar de nuevo, fracasar.
A todos nos toca escribir en un blog, bailar en televisión abierta, correr en un centro comercial, ser especialistas en algo que pocos valoren, hablar ante más de 1000 personas, obsesionarse con ligerezas, dejar de beber, rogar que no devuelvan la cuenta de cobro, leer la Biblia completa, vomitar el desayuno en carretera, vivir solos, alentar al equipo de los amores, afeitarse en un río, chisguear, aprender a manejar, entusarse, superar la tusa, donar sangre, atrapar el ramo en la boda de un amigo, encuentarse con alguien mayor, abrazar.
A todos nos toca leer revistas de farándula en una sala de espera, soplarle la comida caliente a un bebé, conocer a nuestra banda favorita, ser pajecito, escribir un comercial, renunciar a un trabajo, reencontrarse con los amigos del colegio, romperse un hueso, tener un amor platónico, aprender a cocinar, prestar servicio social, terminar ese libro empezado, hacer fila, tener una iniciativa de emprendimiento, viajar ligero, fracasar en el amor, viajar por el mundo, romper una guitarra como si fuera piñata, llegar a una ciudad donde nadie te conoce, envidiarle la novia a un conocido, callar.
A todos nos toca surfear, comprar baratijas, coleccionar algo, hacer nudos de corbata, ir a un Mundial de Fútbol, soportar un grupo de WhatsApp sin salirse, sufrir de rinitis, montar una venta de garaje, darse besos con alguien de la oficina, darle trabajo a alguien, recoger un helado del piso, regalar una sombrilla a una anciana, comer perro de mil pesos, aprender otro idioma, utilizar mejor la mano izquierda, odiar los curas o monjas del colegio, cambiar de desodorante, lavar un baño ajeno, pedir una visa, caerse en la ciclovía, dejarse crecer el pelo, reconocer.
A todos nos toca cantar en una fogata, vestirse de mujer, simular una edad diferente, lustrarse los zapatos en una plaza, pedir rebaja, almorzar corrientazo, conocer Nueva York, cangrejear, ganarse una licitación, predicar el evangelio, quemar la casa, regalar un libro, fingir demencia en la aduana, hacer ejercicio, doblar bolsas plásticas, limpiar la crema dental con babas, robar la cobija de un avión, ir a cine solos, acumular basura en la mesa de noche, charlar con un extraño en el bus, afiliarse a un gimnasio, pagar impuestos, mejorar.
A todos nos toca tener nuestra propia 'Bucket List' y luchar por cumplirla, porque la vida va tan rápido que daría pesar terminarla sin haber exprimido hasta el último segundo. Frustra y al mismo tiempo motiva saber que de todo lo que tengo que hacer en la tierra, no voy ni por la mitad. Razón suficiente para que a diario empuñe el brazo enhiesto, me sacuda el polvo y salga a pelear por lo mío, porque así lo quiso Dios.
A todos nos toca escribir en un blog, bailar en televisión abierta, correr en un centro comercial, ser especialistas en algo que pocos valoren, hablar ante más de 1000 personas, obsesionarse con ligerezas, dejar de beber, rogar que no devuelvan la cuenta de cobro, leer la Biblia completa, vomitar el desayuno en carretera, vivir solos, alentar al equipo de los amores, afeitarse en un río, chisguear, aprender a manejar, entusarse, superar la tusa, donar sangre, atrapar el ramo en la boda de un amigo, encuentarse con alguien mayor, abrazar.
A todos nos toca leer revistas de farándula en una sala de espera, soplarle la comida caliente a un bebé, conocer a nuestra banda favorita, ser pajecito, escribir un comercial, renunciar a un trabajo, reencontrarse con los amigos del colegio, romperse un hueso, tener un amor platónico, aprender a cocinar, prestar servicio social, terminar ese libro empezado, hacer fila, tener una iniciativa de emprendimiento, viajar ligero, fracasar en el amor, viajar por el mundo, romper una guitarra como si fuera piñata, llegar a una ciudad donde nadie te conoce, envidiarle la novia a un conocido, callar.
A todos nos toca surfear, comprar baratijas, coleccionar algo, hacer nudos de corbata, ir a un Mundial de Fútbol, soportar un grupo de WhatsApp sin salirse, sufrir de rinitis, montar una venta de garaje, darse besos con alguien de la oficina, darle trabajo a alguien, recoger un helado del piso, regalar una sombrilla a una anciana, comer perro de mil pesos, aprender otro idioma, utilizar mejor la mano izquierda, odiar los curas o monjas del colegio, cambiar de desodorante, lavar un baño ajeno, pedir una visa, caerse en la ciclovía, dejarse crecer el pelo, reconocer.
A todos nos toca cantar en una fogata, vestirse de mujer, simular una edad diferente, lustrarse los zapatos en una plaza, pedir rebaja, almorzar corrientazo, conocer Nueva York, cangrejear, ganarse una licitación, predicar el evangelio, quemar la casa, regalar un libro, fingir demencia en la aduana, hacer ejercicio, doblar bolsas plásticas, limpiar la crema dental con babas, robar la cobija de un avión, ir a cine solos, acumular basura en la mesa de noche, charlar con un extraño en el bus, afiliarse a un gimnasio, pagar impuestos, mejorar.
A todos nos toca tener nuestra propia 'Bucket List' y luchar por cumplirla, porque la vida va tan rápido que daría pesar terminarla sin haber exprimido hasta el último segundo. Frustra y al mismo tiempo motiva saber que de todo lo que tengo que hacer en la tierra, no voy ni por la mitad. Razón suficiente para que a diario empuñe el brazo enhiesto, me sacuda el polvo y salga a pelear por lo mío, porque así lo quiso Dios.
jueves, 17 de julio de 2014
Estarbocs
Me gusta que la gente pelee por lo suyo, sobre todo cuando de creencias y principios se trata. Pero francamente, a mí sí me cansa la indignación de muchos por bobadas. Ellos, los mismos que se tocan porque nos relacionan con Pablo Escobar, o porque nos hacen memes cocainómanos, generalmente reaccionan con tal grado de violencia y predisposición que pareciera confirmar la inestabilidad de su identidad, como si las declaraciones de alguien pusieran en tela de juicio lo que en realidad somos.
El caso, de los mismos creadores de "Quejémonos con la Cancillería de todos los países del universo", llegan los enemigos de Starbucks, la compañía que comercializa y vende café (de aquí, por cierto) alrededor del mundo hace más de 43 años y que ahora llega a Colombia. La gente reacciona indignada, que eso daña a nuestros cafeteros de yipao andante, que ahora sí debemos comprar local, que pobrecito Juan Valdez y qué pecado con Conchita y así. La verdad, no tengo nada en contra de lo nuevo, pues ese delirio chovinista que me enceguecía con lo local se ha ido curando desde que empecé a viajar.
Entré por primera vez a un Starbucks en Los Ángeles, a tomar frappé en compañía de amigos colombianos. Nunca se me va a olvidar el impacto que me produjo ver a la gente con sus computadores y demás dispositivos escribiendo, algunos pasando allí todo el día con la tranquilidad y paciencia que se adquiere cuando se vive con mentalidad de primer mundo. Fue tal el impacto, que me distraje y dejé una cámara prestada sobre una mesa que, por error, fue balanceada y mandó la cámara a volar. Nunca se me va a olvidar el impacto de la pobre Nikon.
Años después, y ahora en otra estación climática, visité varios de estos cafés en Nueva York. En ese viaje, Starbucks tradujo Wifi y baño gratuitos, y un escampadero ante el inclemente invierno, porque como no tomo café no le veía la utilidad hasta que me dio por pedir un chocolate caliente, de esos que marcan a nombre propio y que para uno, nacido y crecido en el antiplano cundiboyacense, son manifestaciones de cariño en medio de una fría comunidad mundial. Fue tal el recuerdo que hasta le tomé foto:
La verdad, cuento esto no porque me sienta superiormente moral por el hecho de haber conocido Starbucks por fuera de Colombia, ni porque ya no vaya a hacer fila como muchos de mis paisanos. Es solo que las realidades afuera son distintas y cambiantes, y a mi modo de ver, cada quién verá qué hace con su plata y su tiempo, así como con su vida y las decisiones que toma.
También pienso, como torpe economista que todavía cuenta con los dedos, que la cosa se pone más interesante con la competencia, cuando el mercado se ve con posibilidades de repartirse ante nuevas ofertas. Es lo mismo que pasa en el terreno emocional, del cual puedo hablar con la propiedad de quien ha fracasado con mucho éxito. Puedo hablar, pero no se me antoja.
El punto de todo esto es que no es sólo la oposición frente a una nueva cafetería (que en serio, eso es lo que es), es más darnos cuenta de lo complicados que somos como colombianos, además de desocupados y trascendentales con tendencia a la indignación cuando quienes no nos conocen opinan. Creo que cuando nos tocamos tan fácil por lo que otros dicen, revelamos lo débiles, tristes y vulnerables que en realidad somos. He ahí la razón de por qué me gasto toda la plata en viajes, porque es mi forma de invertir en pensar diferente y criticar de lo que conozco, no de lo que creo suponer.
El caso, de los mismos creadores de "Quejémonos con la Cancillería de todos los países del universo", llegan los enemigos de Starbucks, la compañía que comercializa y vende café (de aquí, por cierto) alrededor del mundo hace más de 43 años y que ahora llega a Colombia. La gente reacciona indignada, que eso daña a nuestros cafeteros de yipao andante, que ahora sí debemos comprar local, que pobrecito Juan Valdez y qué pecado con Conchita y así. La verdad, no tengo nada en contra de lo nuevo, pues ese delirio chovinista que me enceguecía con lo local se ha ido curando desde que empecé a viajar.
Entré por primera vez a un Starbucks en Los Ángeles, a tomar frappé en compañía de amigos colombianos. Nunca se me va a olvidar el impacto que me produjo ver a la gente con sus computadores y demás dispositivos escribiendo, algunos pasando allí todo el día con la tranquilidad y paciencia que se adquiere cuando se vive con mentalidad de primer mundo. Fue tal el impacto, que me distraje y dejé una cámara prestada sobre una mesa que, por error, fue balanceada y mandó la cámara a volar. Nunca se me va a olvidar el impacto de la pobre Nikon.
Años después, y ahora en otra estación climática, visité varios de estos cafés en Nueva York. En ese viaje, Starbucks tradujo Wifi y baño gratuitos, y un escampadero ante el inclemente invierno, porque como no tomo café no le veía la utilidad hasta que me dio por pedir un chocolate caliente, de esos que marcan a nombre propio y que para uno, nacido y crecido en el antiplano cundiboyacense, son manifestaciones de cariño en medio de una fría comunidad mundial. Fue tal el recuerdo que hasta le tomé foto:
La verdad, cuento esto no porque me sienta superiormente moral por el hecho de haber conocido Starbucks por fuera de Colombia, ni porque ya no vaya a hacer fila como muchos de mis paisanos. Es solo que las realidades afuera son distintas y cambiantes, y a mi modo de ver, cada quién verá qué hace con su plata y su tiempo, así como con su vida y las decisiones que toma.
También pienso, como torpe economista que todavía cuenta con los dedos, que la cosa se pone más interesante con la competencia, cuando el mercado se ve con posibilidades de repartirse ante nuevas ofertas. Es lo mismo que pasa en el terreno emocional, del cual puedo hablar con la propiedad de quien ha fracasado con mucho éxito. Puedo hablar, pero no se me antoja.
El punto de todo esto es que no es sólo la oposición frente a una nueva cafetería (que en serio, eso es lo que es), es más darnos cuenta de lo complicados que somos como colombianos, además de desocupados y trascendentales con tendencia a la indignación cuando quienes no nos conocen opinan. Creo que cuando nos tocamos tan fácil por lo que otros dicen, revelamos lo débiles, tristes y vulnerables que en realidad somos. He ahí la razón de por qué me gasto toda la plata en viajes, porque es mi forma de invertir en pensar diferente y criticar de lo que conozco, no de lo que creo suponer.
domingo, 12 de enero de 2014
De Nueva York sin amor
Lo malo de viajar es que uno no disfruta del todo, no porque se piense en el poco tiempo que queda, sino porque ya la cabeza está montada en una nube de cuentas y maletas, siempre pensando en el viaje que ha de venir. Recomiendo viajar para despejar la mente y aclarar las ideas que uno ya traía, pero no para andar de travesía hippie esperando que un letrero o una extranjera resuelvan la vida. Más de esta cocina tan santamente infernal.
Ostentoso edificio en pleno Chinatown. Me sentí caminando en China y eso que nunca he ido.
Y hablando de asiáticos, esta es una oficina tipo bodega en Queens, donde muchos de ellos, y otros inmigrantes, trabajan en peculiares modulares como este.
El 1 de enero a las 00:00 empezó el mandato del candidato de izquierda Bill De Blasio. Lo curioso fue encontrar este periódico en el piso, ahí como si fuera basura.
Por recomendación especial, visité este lugar, ubicado en la W 40 st cerca de la 8ª Av. Fue como un mini Disney.
En pleno Columbus Circle, el Trump International Hotel And Tower New York. Ivanka Trump, la hija de Donald, fue quien lo diseñó y como le gusta: para ricos.
2014: el año del punk y ahora con nieve.
Como lo que muestra Anthony Bourdain es casi ley para mis viajes, fue a comer perro caliente en este lugar. Clásico neoyorkino donde el olor es medio tropical.
Lo mejor fue acompañarlo con jugo de papaya, algo que obviamente estos gringos ven como exótico, pero uno conoce a la perfección.
Edificio Dakota, en la calle 72 con Central Park West. Memorable no sólo porque un apartamento ahí no baja de los 30 millones de dólares, sino porque fue el lugar donde Mark David Chapman asesinó a John Lennon, en diciembre de 1980.
Cruzando la Central Park West, está Strawberry Fields, un sector del Central Park dedicado a la memoria del exbeatle. Yo pensaba que estaría lleno de hippies cantando "Imagine", pero todos éramos turistas nostálgicos y desabridos, recordando que Lennon canta vainas que llegan al alma cuando de desamor se trata.
Entrada principal del American Museum of Natural History. Imperdible entrar, además porque la entrada es sugerida, así que hasta con un pennie se puede visitar.
El museo registra en promedio 5 millones de visitas al año, y no es para menos.
La figura de Theodore Roosevelt se ve en cada pasillo. Naturalmente, no en esta foto.
Dicen que en el Metropolitan trabajan 225 científicos de tiempo completo. No me aflige, nosotros tenemos a Raúl Cuero.
Un minimercado de frutas en Mulberry Street, la calle principal de Little Italy. La misma que cruza y conecta con Chinatown.
Un referente no sólo para los fanáticos de Seinfeld, sino para la cultura pop televisiva. Hay mucha historia por aquí.
Inevitable entrar y pensar que será igual que en la sitcom, pero no. Seinfeld era grabado en un estudio en Los Ángeles, pero dicen que se pensó en la fachada de un lugar como este justamente por eso, porque es un lugar de conversación y comida, de todo y de nada, tal cual como la serie.
Igual, el lugar está plagado de alusiones a la serie.
Este es el verdadero Delorean. Entrar aquí es meterse en una máquina del tiempo directo a los años 50. Es recordado porque salió en la película New Year's Eve, de esas que nunca en mi vida vería de no ser porque estuve viendo el Balldrop y ahora entiendo la experiencia.
Sigue la nieve en la ciudad. De a pocos, pero se siente.
Esta foto fue tomada en la Toys R Us de Broadway, juguetería de ensueño donde hay de todo para todos. Esa es otra, he visto tantas pendejadas de Star Wars que empiezo a odiarlo un poco, esa típica relación de amores y odios extremos.
New York Public Library. Esta sí no la cobra, y es maravillosa.
La gente de todo el mundo viene a revisar ejemplares de periódicos, y también a recorrer el edificio, una joya por donde se le vea.
Exactamente detrás, está el Bryant Park. Con nieve es más bonito, o eso dicen los enamorados.
Y ya que hablamos de amor, estas son las entrañas del Brooklyn Bridge, puente que desde 1883 conecta con Manhattan. El paso a pie es obligado, la vista es increíble y el amor está en la nieve.
En París está el puente de los candados, y toda la leyenda que gira en torno a él. Aquí la versión gringa, donde la gente sella su amor con un candado contramarcado. Debe ser porque soy el Grinch del amor, pero francamente me parece una pendejada.
Vista de Manhattan desde el lado de Brooklyn. Y la cosa se pone mejor.
Allá te espero.
Washington Square Park. La puerta que se va al lado derecho, la segunda, es donde vivía Robert Neville (Will Smith) en Soy Leyenda.
Dean & DeLuca. Este era el lugar donde Uma Thurman trabajaba en Prime. Sí, la diva también ha hecho chick flicks.
En este edificio vivían Patrick Swayze y Demi Moore en Ghost. En esta fachada lo mataron y por allá arriba fue la escena del barro.
En Soho, los edificios con salidas de emergencia hacia afuera predominan.
En este apartamento, el de la derecha, fue encontrado muerto Heath Ledger tiempo después de interpretar al Joker, en Batman The Dark Knight.
Esta estación de bomberos en pleno Tribeca sirvió de fachada al lugar donde nacieron los Ghostbusters. Esta es una de mis escenas favoritas, rodada en Columbus Circle.
La referencia en la entrada es más que obvia.
Grove con Bedford, en pleno Greenwich Village. La fachada de la casa de Friends.
En teoría, el apartamento de Mónica es el de la esquina. Naturalmente el show era grabado en Los Ángeles, pero uno como que guarda la ilusión de ver al Ugly Naked Guy, o pasar por e Central Perk.
¿Para qué una tándem si no hay amor?
En Soho encontré esta maravilla.
Los gringos también son humanos. Esto porque hay gente que los tiene sobrevalorados, y hasta en el primer mundo la basura también puede ser problema.
Decoración navideña en plena Mulberry Street, en Little Italy. Francamente, de los sectores más bonitos de la ciudad.
Ferrara Bakery, una de las pastelerías más tradicionales del mundo. Recomendado comer cannoli. Cualquiera, todos son deliciosos.
Y de esto puedo dar fe, ahora que se acaba uno de los mejores viajes de mi vida. Tanto, que no para aquí. Las próximas postales serán desde Miami.
Ostentoso edificio en pleno Chinatown. Me sentí caminando en China y eso que nunca he ido.
Y hablando de asiáticos, esta es una oficina tipo bodega en Queens, donde muchos de ellos, y otros inmigrantes, trabajan en peculiares modulares como este.
El 1 de enero a las 00:00 empezó el mandato del candidato de izquierda Bill De Blasio. Lo curioso fue encontrar este periódico en el piso, ahí como si fuera basura.
Por recomendación especial, visité este lugar, ubicado en la W 40 st cerca de la 8ª Av. Fue como un mini Disney.
En pleno Columbus Circle, el Trump International Hotel And Tower New York. Ivanka Trump, la hija de Donald, fue quien lo diseñó y como le gusta: para ricos.
2014: el año del punk y ahora con nieve.
Como lo que muestra Anthony Bourdain es casi ley para mis viajes, fue a comer perro caliente en este lugar. Clásico neoyorkino donde el olor es medio tropical.
Lo mejor fue acompañarlo con jugo de papaya, algo que obviamente estos gringos ven como exótico, pero uno conoce a la perfección.
Edificio Dakota, en la calle 72 con Central Park West. Memorable no sólo porque un apartamento ahí no baja de los 30 millones de dólares, sino porque fue el lugar donde Mark David Chapman asesinó a John Lennon, en diciembre de 1980.
Cruzando la Central Park West, está Strawberry Fields, un sector del Central Park dedicado a la memoria del exbeatle. Yo pensaba que estaría lleno de hippies cantando "Imagine", pero todos éramos turistas nostálgicos y desabridos, recordando que Lennon canta vainas que llegan al alma cuando de desamor se trata.
Entrada principal del American Museum of Natural History. Imperdible entrar, además porque la entrada es sugerida, así que hasta con un pennie se puede visitar.
El museo registra en promedio 5 millones de visitas al año, y no es para menos.
La figura de Theodore Roosevelt se ve en cada pasillo. Naturalmente, no en esta foto.
Dicen que en el Metropolitan trabajan 225 científicos de tiempo completo. No me aflige, nosotros tenemos a Raúl Cuero.
Un minimercado de frutas en Mulberry Street, la calle principal de Little Italy. La misma que cruza y conecta con Chinatown.
Un referente no sólo para los fanáticos de Seinfeld, sino para la cultura pop televisiva. Hay mucha historia por aquí.
Inevitable entrar y pensar que será igual que en la sitcom, pero no. Seinfeld era grabado en un estudio en Los Ángeles, pero dicen que se pensó en la fachada de un lugar como este justamente por eso, porque es un lugar de conversación y comida, de todo y de nada, tal cual como la serie.
Igual, el lugar está plagado de alusiones a la serie.
Este es el verdadero Delorean. Entrar aquí es meterse en una máquina del tiempo directo a los años 50. Es recordado porque salió en la película New Year's Eve, de esas que nunca en mi vida vería de no ser porque estuve viendo el Balldrop y ahora entiendo la experiencia.
Sigue la nieve en la ciudad. De a pocos, pero se siente.
Esta foto fue tomada en la Toys R Us de Broadway, juguetería de ensueño donde hay de todo para todos. Esa es otra, he visto tantas pendejadas de Star Wars que empiezo a odiarlo un poco, esa típica relación de amores y odios extremos.
New York Public Library. Esta sí no la cobra, y es maravillosa.
La gente de todo el mundo viene a revisar ejemplares de periódicos, y también a recorrer el edificio, una joya por donde se le vea.
Exactamente detrás, está el Bryant Park. Con nieve es más bonito, o eso dicen los enamorados.
Y ya que hablamos de amor, estas son las entrañas del Brooklyn Bridge, puente que desde 1883 conecta con Manhattan. El paso a pie es obligado, la vista es increíble y el amor está en la nieve.
En París está el puente de los candados, y toda la leyenda que gira en torno a él. Aquí la versión gringa, donde la gente sella su amor con un candado contramarcado. Debe ser porque soy el Grinch del amor, pero francamente me parece una pendejada.
Vista de Manhattan desde el lado de Brooklyn. Y la cosa se pone mejor.
Allá te espero.
Washington Square Park. La puerta que se va al lado derecho, la segunda, es donde vivía Robert Neville (Will Smith) en Soy Leyenda.
Dean & DeLuca. Este era el lugar donde Uma Thurman trabajaba en Prime. Sí, la diva también ha hecho chick flicks.
En este edificio vivían Patrick Swayze y Demi Moore en Ghost. En esta fachada lo mataron y por allá arriba fue la escena del barro.
En Soho, los edificios con salidas de emergencia hacia afuera predominan.
En este apartamento, el de la derecha, fue encontrado muerto Heath Ledger tiempo después de interpretar al Joker, en Batman The Dark Knight.
Esta estación de bomberos en pleno Tribeca sirvió de fachada al lugar donde nacieron los Ghostbusters. Esta es una de mis escenas favoritas, rodada en Columbus Circle.
La referencia en la entrada es más que obvia.
Grove con Bedford, en pleno Greenwich Village. La fachada de la casa de Friends.
En teoría, el apartamento de Mónica es el de la esquina. Naturalmente el show era grabado en Los Ángeles, pero uno como que guarda la ilusión de ver al Ugly Naked Guy, o pasar por e Central Perk.
¿Para qué una tándem si no hay amor?
En Soho encontré esta maravilla.
Los gringos también son humanos. Esto porque hay gente que los tiene sobrevalorados, y hasta en el primer mundo la basura también puede ser problema.
Decoración navideña en plena Mulberry Street, en Little Italy. Francamente, de los sectores más bonitos de la ciudad.
Ferrara Bakery, una de las pastelerías más tradicionales del mundo. Recomendado comer cannoli. Cualquiera, todos son deliciosos.
Y de esto puedo dar fe, ahora que se acaba uno de los mejores viajes de mi vida. Tanto, que no para aquí. Las próximas postales serán desde Miami.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

