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jueves, 18 de febrero de 2016

A media luz

Albert Camus decía que uno conoce una ciudad cuando sabe cómo trabajan, cómo mueren y cómo aman sus ciudadanos. La verdad es que como turista es difícil percibir a fondo esas particularidades, pues uno anda abrumado con todo, asombrado ante lo nuevo y cualquier detalle tiende a exagerarse. En Buenos Aires se ve eso, una suerte de majestuosidad que la misma ciudad emana y hasta contagia.

La ciudad es absolutamente turística, con las opciones y posibilidades de transporte, movilidad y señalización que hacen que un extranjero no se pierda, más tenga vida eterna. Y es que recorrerla a pie se hace tan mundano -en el sentido terrenal, no pecaminoso-, que genera esa sensación de recorrer grandes metrópolis, como cuando se recorre Nueva York. Como colombiano, uno sabe que está en el mismo continente, pero se siente esa amplia distancia cultural, de costumbres y de universo mental.

Después de estas letras con tinte de revista de avión, aquí van más postales desde Argentina, esta vez recorriendo otras comunas de Buenos Aires, que es como le llaman también a los barrios.


La popular Feria de San Telmo, que desde 1970 funciona todos los domingos en Defensa y recibe a más de 10 000 visitantes. Ahí es donde uno debe comprar el imán para la nevera, la billetera de cuero, la camiseta del Ché y otros muchos clichés.

Los puestos son negocios familiares de corte tradicional, donde las artesanías son cuestión de padres e hijos de todas las edades.

Imperdible venir a Buenos Aires y no conocer el Paseo de las historietas, circuito callejero por Monserrat, San Telmo y Puerto Madero. Allí se rinde homenaje a los personajes más importantes de la caricatura argentina, o como le llaman ellos, la historieta (obvio, por algo el paseo se llama así).

Ahí, en Defensa y Chile, a la altura 371, está la casa donde vivió Quino mientras hacía a Mafalda. Bueno, la foto lo dice todo.

La tradición es tomarse foto con Mafalda, Susanita y Manolito, el cual no sale en la foto porque lo tapó la señora del celular. La gente hace fila para esta foto, y la verdad vale la pena, porque Mafalda es de lo mejor que ha dado Argentina al mundo.

Cerca, muy cerca, está Puerto Madero, que es el barrio exclusivo de Buenos Aires. Aquí viven las personas con más plata del país, quedan importantes hoteles y hay todo tipo de restaurantes elegantes; y se entiende, pues la vista al río y a las fragatas hacen del paisaje algo inolvidable.


Pasar por Puerto Madero demanda caminar por el Puente de la Mujer, que es como cruzar el Brooklyn Bridge pero en menor escala.

El picnic en verano es casi que un plan imperdible en la Avenida Costanera. Aquí, las familias salen a tomar mate, compartir la comida y jugar Badminton. O por lo menos con eso me encontré.

El popular y bien ponderado Choripan, el cual sale, con bebida, por unos 53 pesos argentinos, que son como COP $11 000. Uno lo puede rellenar con lo que quiera.

El Rally Dakar tiene su parada y pasada obligadas por Buenos Aires. Aquí un fanático charla con uno de los pilotos que estaba limpiando su carro. La escena transcurre en la entrada del Hotel Hilton de Puerto Madero.
Estadio Luna Park, lugar donde las actividades culturales de todo tipo han tenido su lugar. Aquí Maradona hizo su fiesta de matrimonio, boxeó Carlos Monzón, tocó Red Hot Chilli Peppers, y predicó Dante Gebel. Todos gente de mi completa admiración.

Reza el tango de Carlos Gardel que aquí, en Corrientes 348, transcurre una historia de amor y cocteles. Lo bonito es que el lugar conserva la fachada homenaje, que hace que se resalte el lugar en la zona.

Para muchos, Corrientes 348 remite a Gardel. Para mí, remite a Rescate.

Pecado es no probar las empanadas argentinas, todas preparadas al horno, con muchos quesos y aceitunas negras. Aquí un puesto de empanadas en la Avenida Federico Lacroze.

Rosedal de Palermo, un lugar para quienes aman las flores. Yo, que soy severa flor, tenía que visitarlo. Obviamente no duré ni un minuto allí.

La gente cuestiona mucho el ego de los argentinos, pero cuando uno comparte con ellos se da cuenta de que tienen un arraigo distinto, una identidad nacional que no se pone en duda ante nada, tan diferente a Colombia. Este es un tremendo copy visto en GreenEat, maravilloso mercado natural.

Me explicaron que cuando un auto tiene una botella encima, quiere decir que ese auto está en venta. Creo que este tipo de cosas son las que revientan la cabeza del turista, como me pasó a mí, que quedé feliz de saber esto aunque no me servirá para nada en la vida.


Niños felices alimentando peces. El cuadro es totalmente internacional, casi que podría ser una postal de Miami. La foto fue tomada en un lugar bien internacional: el Jardín Japonés.

La comunidad asiática tiene en Argentina un lugar preponderante, casi que sucursal. Impacta ver a chinos, japoneses y koreanos haciendo negocios y conviviendo tan naturalmente.

Heladería Freddo, un clásico argentino que está en todo lado. Recomendado el helado de Mascarpone.

Y ya que hablamos de comida, esta es La Casona del Nono, restaurante de parrillada y carnes en Lavalle. Allí uno se puede aplicar una buena comida para dos en 300 pesos argentinos.

La pizza argentina es diferente, más delgada, más Chicago, más quesuda. Recomendada la Fruzzeta, que es hecha a base de Muzzarella y cebolla. Pizzería Kentucky en Palermo viejo, calle Soria. 

El popular Subte, capturado en movimiento en plena Línea D Estación Scalabrini Ortiz. La forma de movilizarse así, por debajo de la tierra y a media luz, cosa a la que no estamos acostumbrados en Colombia, donde el 'a media luz' es común a la corrupción de vivir con zonas de oscuridad en todas las esferas del poder, no a tener un Metro y condiciones de transporte decentes.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tuiterología

Llevo dos años con una cuenta en Twitter, que para efectos del español pulcro siempre he llamado Tuiter, así a secas. Me fastidian esos anglicismos del arribista promedio, que pronuncia Tuirer pero se jacta de usar bluyins negros, tomar Coacola y vacacionar en Uropa. En fin, esto confirma lo que he concluido en estos días: Tuiter me afecta porque siempre saca lo peor de mí.

Ya no lo disfruto como antes, cuando pensaba que se trataba de mencionar a Chespirito y mandarle elogios. Luego entendí que el truco era tuitear y ya, pero la cosa se complicó. Antes me dejaba llevar simplemente por la cultura del microblogging y decía barbaridades para que no se me olvidaran, casi como una libreta de apuntes virtual y pública. Pero luego entré en una carrera de ratas en búsqueda de seguidores, como si de eso dependiera mi libertad del Icetex.

Escribo una que otra verdad bíblica y de a puño, pero la gran mayoría de tuits son idioteces que no sé por qué algunos sobrevaloran como si fuese la verdad revelada. Eso es algo que me preocupa, el nivel de literalidad de mucho tuitero amateur. La gente se toma todo muy en serio, me leen al pie de la letra y eso es triste, porque no hay nada más frustrante que tener que explicar el chiste. El problema es que empecé a darme a conocer, y con eso vinieron seguidores que no merezco, como pastores, comediantes, periodistas, medios de comunicación y Rescate, mi banda favorita. Se me hizo extraño, porque con las idioteces que escribo lo que merezco es que me ignoren y hasta me bloqueen.

Hace poco superé lo 7000 tuits y entré en crisis, porque me di cuenta que Tuiter es un termómetro perverso de aceptación de ideas. No sufro cuando la gente me elimina de Facebook, porque allá se muestra es carne y cristianos pidiendo la mano. En Tuiter uno muestra intelecto y puntos de vistas, donde el ego y el orgullo arman un nido placentero en el que se besan, o algo así. Vivo obsesionado con los ojos encima del número de seguidores, y sufro cuando se reducen, porque es como si me estuvieran rechazando. Luego llegan otros y remplazan las vacantes, entonces vuelve a mí la paz de siempre, la del enfermo digital.

Ya dije que me sigue gente que admiro, y ese es otro problema. Me la paso pensando en qué publicar, para descrestarlos, pero también para no embarrarla y que tomen la decisión de irse. De vez en cuando me paso por sus cuentas a verificar si todavía me siguen, si no se han arrepentido ante tanta incoherencia y verborrea mal ponderada. Digo incoherencia porque la gente cree que uno es eso que postea, y va uno a ver y sí se parece, pero en realidad lo que he hecho es construir un personaje de mí mismo, un avatar al que juzgan y admiran pero en la vida real es tan simple como desilusionante.

Lo peor de todo es que no planeo irme de Tuiter. He hecho ayunos esporádicos para curarme la opinadera, y han funcionado. Pero vuelven a mí esas ganas de tuitear, como buscando que detrás de mi testimonio de vida (el mío, no el del avatar) la gente disfrute y conozca algo de lo que creo y pienso. Solo busco que entiendan que esto es un juego, que no es la vida real y que por lo tanto da licencias para una ficción comprada, acomodada y ante todo irónica.

Ahora me iré a tuitear, porque hay cosas que nadie más hará por uno.

martes, 11 de diciembre de 2012

Al Rescate (y al respaldo)


Rubén negociando con los organizadores del Genesis Party, el evento que los trajo a Bogotá en 2012.

De las dos veces que he salido del país, solo en una ocasión tuve que hacer conexión, porque de Bogotá no hay vuelo directo a Los Ángeles. Recuerdo comer empanada en el Aeropuerto Internacional de Miami y pensar en que las conexiones son lugares no-lugares, como dice Paul Valéry: espacios inexistentes donde todos vamos de paso, sin echar raíces. Más que las conexiones entre ciudades, me gustan las conexiones divinas, aquellas que no tienen que ver con espacio tiempo, sino con la fe en un Dios que sabe lo que uno necesita. Esa fue mi conexión: estar donde debía estar, a la hora indicada y en el día correcto.

No solo lo digo por Rescate; más que eso es el hecho de haber estado justo con ellos cuando reconocí perfectamente las voces de dos fantasmas, dos espectros del pasado relacionados directamente con episodios playeros, temporadas de ira cultural y de un ciclo que creí cerrar. La cámara de mi cabeza hizo el mismo movimiento que hacía Hitchcock, solo que con esta cara. Sabía que era un momento determinante, donde esas mismas circunstancias que me habían alejado ahora me acercaban, así que debía hacer una entrada más contundente. Lo divertido fue que no tuve que decir nada, pues el mismo Tega les dijo que si querían información de su visita a Colombia, me preguntaran a mí, su amigo colombiano. La cara de los susodichos no fue normal, por supuesto.

Nos sentamos a almorzar pero yo no podía dejar de pensar en este punto de giro, inesperado, incierto pero gratamente incómodo. Sabía que las miradas de aquellos que me tomaron por ralea clase media reposaban sobre mí, que estarían preguntándose de nuevo por mi pelo ensortijado, mi plan de vida, mis desbordantes cuentas bancarias, mi intención de conquistar a su hija. Así que preferí respirar hondo, disfrutar la compañía y dejar que desde su mesa contemplaran lo que pocos han podido ver. Esa era la verdadera motivación de todo ese trayecto divino: conversar con Rescate sobre su ministerio musical. Y sí que me di por bien servido.

Marcelo y Ulises conversando de mí. Decían que me parecí a un ingeniero de sonido argentino. 

Marcelo al fondo sorprendido mientras Sergio posaba ante la cámara. Rubén tuiteaba del asunto.

"El que toca, nunca baila. Es lo único malo de ser músico" eso decía Ulises mientras devoraba con gusto su salmón. Fue una frase adecuada para este año de rebobinar el casete del llamado, porque además de sus letras y música, lo que más me gusta de Rescate es la forma en que han logrado mostrar a un Dios de misericordia, un Dios que tiene mala memoria para mis errores y además que quiere salir del Templo.

Ojo, no porque se lo hayan llevado, como pueden pensar los ñoños religiosines, sino como un Jesús que se baja de la cruz y resucita. Ese es el llamado de Rescate: ser para afuera y no para adentro, ser fieles a una comunidad cristiana que los ha tildado de apóstatas desde 1988, el mismo año en que nací y en el cual también fui condenado a la paila infernal, según los religiosos.


"Nos conocen, y los que nos necesitan nos buscan. Hay muchas Iglesias a las cuales nunca nos han vuelto a invitar, pero ese es el precio de ser fiel al llamado, a lo que uno ama: Jesús en la calle". 

Alguien posó su mano en mi hombro, y justo antes de girarme, reconocí que eran otra vez ese par de voces fantasmagóricas que ahora hacían su entrada para despedirse. Rescate los saludó en gesto y les sonrieron, mientras ellos aseguraban que les gustaba su música, que le servían al mismo Dios y que les deseaban lo mejor. Se despidieron de mí respetuosamente mientras pensaba en las casualidades de la vida, en aquellos lindos encuentros en los que los que los fantasmas se quedaron con la imagen pocacosa que construyeron de uno.

Me gusta pensar en que esos son los ajustes divinos, momentos que Dios usa para hacernos dignos y hasta limpiar nuestros nombres con aquellos que asumieron nuestra bajeza. Ahora estaba ahí, de mendigo a príncipe, de exconvicto a rey local. Ahora entiendo que Rescate no solo vino a ponerme a rockanrolear, sino a respaldarme en un ajuste natural de las cosas.

Como lo que me interesaba no era solo conocer a Rescate, sino también verlos tocar en vivo, procedí a despedirme, a dejarlos descansar. Todos y cada uno me dieron abrazos sentidos, con la camaradería de quienes se conocen de toda la vida con tan solo verse una vez. "Gracias, Luis", "Chau, loco", y hasta "Te veo luego, capo" fueron las palabras con las que me despedí y procedí a tomar una foto final, épica, irrepetible.



"Mansos como corderos, astutos como serpientes, valientes"

En el concierto salté, pogueé, sudé, grité y volé como nunca. Pero el punto más emocionante fue cuando Ulises habló de tocar una canción que nunca presentarían en festivales evangelísticos como los de Luis Palau, pues era para quienes querían correr con Dios. Ahí me emocioné, porque antes de irme del hotel, le pregunté a Ulises si iban a tocar Tu coche, que a mi juicio es una canción perfecta. Me miró, me sonrío y me dijo: -¿Tu coche, te gusta? Le sonreí y me fui.

Ahora estaban en vivo tocando aquella canción. Ulises me miró a lo lejos, me señaló como pudo y con un guiño preparado para mí, dejé que los acordes nos inundaran hasta la locura. Es que ese es Dios para mí, un padre de amor que quiere viajar conmigo, cuidarme y que a cambio quiere que no le de la mezquina mitad, sino todo mi amor.


@benditoavila

martes, 4 de diciembre de 2012

Al Rescate

Seré breve: este 2012 cumplí un sueño de 2002. Sí, diez años después. Esa parece ser la tendencia de mi vida real: logro las metas, cumplo los sueños y además los hago públicos tras mucho tiempo de callarlos, de pensarlos y esperarlos. Lo cierto es que la gente cree que eso fue porque todo se dio, o porque corrí con suerte. No es cuestión de suerte, porque esa es la excusa de los mediocres. Yo prefiero ser como Harvey Dent: un promisorio activista que fabrica su suerte, sin llegar a ser un dos caras.

Cuando uno va a acercarse a gente que admira siempre hay una suerte de miedo, porque nadie quiere ver a esos grandes en su humanidad: uno espera que sean como uno los ve; pero estar cerca involucra ver cómo se comportan, si más que posar son como uno cree que son. Lo mejor de conocer a los grandes es precisamente eso: comprobar su humanidad y entender que nadie es digno de ser idolatrado, porque además ellos mismo lo tienen claro. Todo esto alcancé a pensar cuando recibí una llamada sorpresa de una amiga, quien de forma afanada me pidió que la acompañara a Eldorado a recoger a mi banda favorita, que venía desde Argentina y estaba esperando que los recogiéramos. Era real: era yo frente a Sergio Ramos, Rubén López, Marcelo Barrera, Marcelo Tega, Ulises Eyherabide. Era yo, al rescate de Rescate.

Marcelo Barrera (guitarrista) y Rubén López (trompetista y mánager de giras). Desde ese iPhone manejan su Facebook y Twitter oficial. 

De pie Marcelo Tega (bajista), Ulises Eyherabide (guitarra y voz) y Sergio Ramos (batería) comiendo granos de café colombianos mientras contaban del vuelo.

Como siempre he creído que la integridad de un artista se ve cuando está abajo de la tarima, cuando es un mortal más, me impactó verlos ahí, tan personas, tan sencillos, tan descomplicados a pesar de haber dormido tan solo una hora. La noche anterior, Rescate estaba tocando frente a más de 15 000 argentinos en un evento llamado Rock & Vida, una especie de festival ecuménico en torno a la prevención del VIH. Fue lo primero que me contaron, aunque ya lo sabía. Así como sabía sus nombres completos, estados civiles y demás información básica. Eso siempre me ha pasado: me vuelvo especialista en lo que me gusta, para ahí sí poder hablar con autoridad del tema.

Los que me conocen, saben que Rescate para mí es como The Beatles para Manolo Bellón, o U2 para alguien a quien le guste mucho U2, o como Arcángel para mi hermano. Cuando uno ama una banda, uno sueña con ese momento en el que les podrá preguntar mil cosas, de sus canciones, de sus letras, de sus historias de vida. Hablamos de Álex Campos, de la MCI, de sus conciertos en Bogotá, de los discos difíciles de conseguir, del libro que Ulises escribió, de sus hijos y sus pequeñas bandas, de Colcafé, del Sida, de sus Iglesias en Rosario, de mi Iglesia en Bogotá, de Dios.

Hablamos de música y se enteraron que yo era bajista. Me sorprendió la naturalidad con la que Marcelo Tega me ofreció su Soame, me contó que lo hizo un luthier argentino y que hasta me lo podía vender si me había gustado. Le di las gracias y le conté que toco con Lakland y de ahí no me moveré por ahora. No sé si alguien logre comprender esto, pero para un músico compartir el instrumento con que atacará esa misma noche, es un acto de confianza e intimidad que involucra responsabilidad. Probé el bajo y fue increíble. No me lavé las manos desde ese día.


Aunque era un bajo, le di como a violín prestado. Nótese al fondo que seguridad y policía ya venían a apresarme, tan solo por tener bigote hipster.

Hasta este punto, muchos de ustedes, oh amados caba-ñeros y caba-ñeras, pueden estar pensando que soy una groupie bigotuda y desesperada, que además me excedo, que soy un idólatra, que maldito el hombre que confía en el hombre y cuando insulto santo se les ocurra. No me interesa. Lo cierto es que me doy por bien servido, porque creo en un Dios que inclusive alcahuetea los sueños tontos, esos que no tienen que ver con grandes gestas humanitarias ni de salvación, aunque en mi caso sí.

Rescate fue la banda que me mostró que ser cristiano no era vivir en ñoñería ni en falsa espiritualidad, que me llevó a plantarme en una Iglesia y a construir una relación con Dios, que me retó a salir a la calle a meterme en problemas que no me competían, todo por una razón. Gracias a su música entendí la importancia de una espiritualidad aplicada, mucho más en una era donde Dios da el paso pero a nosotros nos compete hacer nuestra parte.  Iba a escribir que "Rescate me rescató", pero creo que es un titular predecible y además obvio. Obvio que así fue y así ha sido.

Rescate y yo tenemos algo en común: seguimos la luz aunque no lo parezca.

Hasta ahí podría darme por bien servido, pero si algo aprendí este 2012 es que las bendiciones de Dios llegan completas, no a medias. Si ver a la banda favorita de uno en vivo ya es algo grande, hablar con ellos, montar en la misma van y llevarlos a almorzar en un reconocido restaurante de hamburguesas es más que una credencial VIP, es algo indescriptible. Tan indescriptible como a lo lejos oír un par de voces pregonar: "¡Esos son los de Rescate. Hola, Rescate!". Ahí me congelé, porque reconocí perfectamente ante quiénes estaba ahora.

Lo que sucedió después merece entrada aparte. O sea, dele clic aquí para saber qué pasó después.


@benditoavila

lunes, 9 de julio de 2012

Un perro de parqueadero

La vida es como una máquina saca peluches en la que todos queremos ser rescatados. Algunos son lampiños, insípidos, otros peludos, felpudos, con luces de colores, ojos saltones y colores plateados; pero todos sin excepción somos bichos raros que en algún momento nos juramos la novena maravilla -porque la octava es sin duda alguna cualquier canción de Rescate-.

Nos creemos grandiosos por terminar de estudiar, como si graduarse no fuese ya parte de la responsabilidad de ser alumno. Hacemos miles de cosas para lograr un trabajo y justo cuando empezamos a vivir de nuestro talento, olvidamos con facilidad que alguna vez alguien nos sacó de esa maquinita, nos escogió a dedocracia y nos dio la opción de brillar, o por lo menos de salir del montón.

Uno pasa la vida creyéndose la gran cosa y se le olvida que esto es una gran perrera, donde los clientes entran a buscar mascotas tiernas para regalárselas a sus hijos. Ellos saben que un perrito será un gran compañero, que siempre mantendrá su lugar de mascota y que nunca va a llegar a dormir en la cama matrimonial, porque una de las ventajas de ser perro es nunca olvidar su rol en la casa. El perro no va a tomar el té con las niñas ni a jugar Xbox con los muchachos, él sabe que está ahí para ser mascota. Punto.

Tal vez por eso me brinca ver gente que al momento de untarse de las hieles de la fama, del éxito y del reconocimiento, siente que ha llegado al cielo esnobista y se inyecta el ego con sendas porciones de aire comprimido. Ojalá fuese helio, para que por lo menos se fueran volando y explotaran, pero no. Generalmente el perro que se cree de mejor familia se sienta a la mesa de los amos, exige cosas y hasta se siente el objeto de admiración, cuando no es más que un simple maniquí que representa un rol y que no merecería ser exaltado. Este perro piensa que todo lo que ha recibido es por él, por su buena conducta y educación canina, pero en realidad olvida que de niño fue uno más de la camada, que era exactamente igual que sus hermanos cachorros y que de su estatus de perro faldero no va a poder ascender.
 
Yo prefiero verme como un perro de parqueadero, un guardián local que vive en su mundo y ha entendido su lugar primero en pequeñas proporciones, pues no hay nada que resulte más postizo que alguien que simula ser Pasunnic cuando no alcanza a siquiera tener sus propias "Ideas for Life". No en vano Tolstói decía:  "Describe tu aldea y serás universal", como un llamado a notar que lo global se cuenta desde lo local, que el mundo está hastiado de gente que se las quiere dar de creativa-chocoloca desconociendo que en lo simple de la humildad está el secreto para ser grande, que la estatura se mide en los que han estado de rodillas.

En caso de que llegue a alguna cima, solo espero nunca olvidar que soy un perro de parqueadero, un Mini-Me de alguien que a pesar de encontrarme pequeño, gritón y fastidioso, me hizo lograr cosas grandes para Su Gloria y aplauso, no para venir a humillar practicantes por verlos como poca cosa.


Aquí estoy el día en que gané un India Catalina. Sí, es una foto futurista.


 @benditoavila

miércoles, 25 de abril de 2012

Cultura cabañera

Ya ni me acuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo dirigido a ustedes, oh amados cabañeros y cabañeras. Reconozco que los he tenido muy olvidados, pues le he dado rienda suelta a la vida capitalista, que es la que paga el Icetex, el Telmex y demás cuotax pendientex. Esa es la verdad, La Fiebre de las Cabañas, otro blog sobrevalorado, es mi forma de dejar plasmado lo que se me ocurre en determinados momentos de la vida, no una forma creativa de lucro. Yo escribo porque quise, a mí no me pagaron. Aunque vivo de escribir para otras plataformas comunicativas, hay días en que no quisiera plasmar ni una letra más.

Hago estas salvedades como cuando en los programas de Chespirito quitaron las risas enlatadas "por respeto al público". Ustedes me merecen respeto, aunque no lo crean. Tal vez no sepa si tienen blog, si son príncipes azules o embajadores del averno, pero me leen y como tal debería cuidarlos, o por lo menos no ofenderlos. Aunque no me interesan muchas de sus vidas, debo confesar que sus ideas sí. Esa es la cultura cabañera, módulo educativo con amplia adaptabilidad para oficinistas, universitarios, tuiteros y los demás nichos que me han hecho llegar reportes QSL de lectura.

Después del saludo emotivo, prosigo a dejar clara otra de mis pretensiones bloggeras: el ejercicio de pensamiento. Sin rayar en que todos se vuelvan cerebritos de alto coeficiente intelectual, escribo para que muchos aterricen su fe con elementos racionales. Me esfuerzo para que muchos conozcan a Jesús a pesar de mí, de mi visión corroída de algunos temas y de mis múltiples prejuicios. Sueño con el día en que la gente busque a los cristianos para pedirles no solo consejos para llevar la tusa, sino también para hacerles consultas laborales de todo tipo, pues estos han demostrado ser una raza diferente, una raza contra el viento.

Nunca he buscado que ustedes se parezcan a mí, ni mucho menos que se identifiquen conmigo. Quiero que cada uno recorra su camino propio, descubra su propósito y atienda a cumplirlo. No me interesa que les guste Chespirito, Rescate o el ajiaco tanto como a mí. Tal vez es por eso que me gusta la relación anónima que uno genera con el grupo de lectores que tiene, porque les garantizo que si encuentro a muchos de ustedes en la calle los trataré igual a que si no los conociera. Esa es la cultura cabañera: más intelecto y menos físico, más Twitter y menos Facebook.

Si existe este blog no es para armarme un trono intelectual, más bien es mi propio ascenso al cadalso: me la juego por plasmar cosas inexistentes que prometen cobrar vida mientras ustedes creen que es una comedia. Hoy una vez más decido comprometerme a aportarles, divertirles, ofenderles -en caso de emergencia-, sacudirles y sobre todo edificarles con pasión, porque sin pasión ni se puede amar a Dios ni mucho menos escribir.

No es más por ahora. Me despido recordándoles que si me preguntaran a quién salvaría en un incendio, si a un animal o a una pintura cara, no salvaría a ninguno porque me gusta ver las cosas arder.


@benditoavila

jueves, 29 de marzo de 2012

Famosos anónimos

Me gusta coleccionar objetos: sombreros, material relacionado con Chespirito, Star Wars y Rescate. Tengo una mesa de noche abigarrada de objetos encontrados en la calle, recibidos como regalo y hasta heredados, porque debo decir con orgullo que papá, sin saberlo, ha sido un coleccionista de rarezas que para mamá solo reflejan sus mañas de acumulador. Tal vez por eso fue que se divorciaron.

Entre mis herencias, guardo las gafas que usaron mis dos abuelos antes de morir. No porque quiera ver el mundo como ellos, más bien porque es la forma en que me recuerdo que la visión debe corregirse, para pararse en el pasado como referente y no como presente. Guardo casetes con grabaciones de programas de radio en los que yo era el protagonista: mamá hizo grabaciones de mi voz hasta los 9 años, para que cuando yo tuviera hijos se las heredara también. Atesoro llaveros, reproductores obsoletos y algo que para muchos es una manía propia de una persona con trastornos: fotos de famosos anónimos.

Caminaba por la Javeriana y encontré una foto tamaño 3x4 fondo blanco de un estudiante de Medicina. Lo sé porque se ve su uniforme pitufo y sus cejas pobladas. No tengo ni idea quién es el susodicho, lo cierto es que al entrar a mi cuadro de famosos anónimos ahora se llama Juan Pablo, le gusta jugar squash y arregla su economía juvenil trabajando los fines de semana en una tienda de ropa.

Años más adelante y dejando atrás la universidad, iba subiendo un puente peatonal que me llevaría al oficinismo en Las Américas, justo cuando identifiqué una foto de fondo azul donde una niña de aparentes 14 años vestía una sudadera colegial, de esas que hacen que la cremallera llegue hasta el mentón. En Famosos anónimos se llama Astrid, estudia en un colegio del distrito y no le gusta que se burlen de las pecas que adornan sus mejillas, a pesar de que la música que oye y baila suele denigrar de la mujer y de cualquier cuerpo exuberante.

El cuadro lo completaría hace un mes un pequeño niño de aproximadamente 4 añitos -como dicen las mamás-, quien reposaba oculto en un tablero donde Bancolombia promociona sus planes de ahorro. Acepto que dejé la fila por unos minutos para agarrar al 'niño nuevo' de los Famosos anónimos, so pena que pasar por enfermo o pederasta. Su nuevo nombre es Yesid, no conoció a su papá y al parecer sufre de precoces arranques de tiranismo, situación alimentada por su propia madre.

Guardo con mucho respeto a mis Famosos anónimos, pues vienen a ser referentes concretos de creación y de reacción visual. Lo divertido de esta tarea es que el grupo no crece frecuentemente, tan solo cuando tengo la suerte de descubrir en algún lugar del planeta una foto sin nombre, sin futuro aparente y sin propietario conocido.

Puedo pasar por enfermo o loco, pero tristemente la gente parece no comprender que detrás de una foto perdida puede existir una increíble historia qué contar.

Famosos anónimos, 2012


@benditoavila

lunes, 21 de noviembre de 2011

El cristianismo darks

Para leer esta entrada se debe obligatoriamente ver el siguiente video, cortesía de un gran amigo y socio de la violencia cristiana, apodado en el bajo mundo como "El Benjamin". Si usted es prejuicioso, amaneradamente mezquino, religioso o en su defecto todas las anteriores, abandone este blog por amor de usted mismo. Advierto que el video puede contener material explícito, así que es mejor que nadie lo vea. Si después de verlo quiere más, no lea este blog, cierre inmediatamente el explorador de Internet, reinicie su computador y haga de cuenta que no ha pasado nada.



Siempre he creído que las ideas revolucionarias son las que cambiarán el mundo, no la tradición mal contada. Creo también que para tener ideas que valgan la pena publicarse, es necesario salir del montón, de la comodidad y de la cultura que nos ha tenido sometidos a hacer las cosas de formas heredadas. No tengo problema con lo que nuestros ancestros nos han dejado, pues sería bastante tonto denigrar del legado que llevamos; el punto es que estamos en una era donde los receptores no se deben leer como antes, en función de escuchas solamente: ahora los receptores también son emisores, y esto demanda que se reevalúen las dinámicas de comunicación en todo nivel.

Después de este párrafo teórico -la cara académica y seria que mis detractores no saben leer y toda darles desmenuzada-, vamos a lo que nos interesa: lo darks y lo incontable. Finalmente por eso visitan este hijo-blog, ¿Cierto, oh amados cabañeros y cabañeras? Les gusta que se les dé su buena dosis de mordacidad cristiana por vía intravenosa, aunque lo nieguen.

"Como puedes ver, así como los peces fueron creados para nadar y los párajos para volar, yo fui creado para "noquear" a todos aquellos que no les gusta evangelizar". ¿Habrá algo más maravilloso que un ser que ha entendido y reconocido para qué está en la tierra? creo que no. Es tiempo de dejar plasmada y retratada aquí en La Fiebre mi admiración y respeto sinceros por El tacleador evangelista, quien junto con Chespirito, Dante Gebel y algunos otros creativos, ha entrado a mi lista de honor de héroes.

Tal parece que todos necesitamos dar a conocer un cristianismo así, pues han sido varias las décadas en las que la sociedad ha leído a los cristianos como seres tan espirituales que carecen de pensamiento, capacidad de selección política y criterio. Muchos hasta dan por hecho que los cristianos son seres asexuados, sin fuerza física y sin ápices de violencia. Nada más erróneo que pensar el cristianismo desde la debilidad: de hecho, la Biblia dice que el Reino de los Cielos avanza contra viento y marea, que además sufre violencia y solo son los valientes los que son capaces de integrarlo.

Nada más darks que ser cristiano y joven. El tacleador evangelista -que aparte de ser darks es negro- nos alecciona acerca del miedo, de la falta de efectividad en cuanto al cristianismo que vivimos y hasta en lo míseros que nos podremos llegar a ver si vivimos como todo el mundo. Para mí, ser cristiano y ser aceptado es un oxímoron: somos nosotros el lado B del disco, la mancha negra (darks) en el lienzo blanco, el mugre en la pared, y como lo diría Rescate: el pelo en la leche.

El día en que como cristianos entendamos que estamos en la tierra no para caer bien, sino para importunar y promover una verdadera política del amort y de la violencia, avísenme por favor. Seguramente saldré al aire en televisión y buscaré que la gente escuche mi verdad.


@benditoavila

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ávila on TV

La televisión ya ha hecho personajes como yo. Basta con meter en una licuadora al Grinch, al Chapulín Colorado, al Conde Pátula y a George Costanza para obtener una mezcla, que pasada por el fuego-fuego y tras varias horas de incorporación, produce este necticar con sabor a cicuta de apellidos Ávila Rincón.

Decir que crecí con la televisión es bastante atrevido, por eso prefiero sostener que la televisión ha estado conmigo y que yo... no he crecido mucho, pero he afinado mis ojos y les he enseñado a ver lo invisible. La pantalla solo arroja adefesios de la vida real, pues tiene la facilidad de deformar y apropiarse de cuanto material le ofrece la cotidianidad. El punto es que no todo el mundo sabe leer esto, pues al parecer siempre hemos sido pocos. Sé que suena presuntuoso hablar así, pero si de algo puedo presumir es de pertenecer, de saber quién soy y de reconocerme en mi identidad cristiana, algo darks por cierto.

Guillermo Arriaga dice que la única forma de hablar de uno mismo es con sentido del humor. Le creo, pues aunque llevo años tratando de entender los fenómenos cómicos que encarno todos los días, he logrado definirme desde la risa, la burla y la exclusividad. Tal vez por eso amo ver Seinfeld, pues lleva la cotidianidad a la pantalla y por sí misma ya genera situaciones cómicas y contradictorias.

La gente cree que para hacer comedia se debe ser una persona extremadamente feliz. Nada más falso que eso: el comediante es un títere cotidiano que lee el mundo distinto, y desde su lectura recoge las frustraciones y asombros de su público. El comediante vive energúmeno, insatisfecho, asombrado y siempre generando discursos que no son precisamente meritorios de entrar al paraíso. Por eso, mi forma de ver el mundo nunca será tan linda y rococó como la de muchos, por eso me fastidian los religiosos, por eso lucho contra los que no disfrutan la vida, por eso me la vuelan cosas que para muchos son normales y así con todos los temas que han sido objeto de mis reflexiones.

No han sido días fáciles de aterrizar todo esto, pues lo fácil es enmascararse y ser prefabricado como todos, buscando aceptación y pertenencia. Pero años de traspiés evolutivos me han permitido entender que el verdadero ascenso en el escalafón de la identidad se da cuando uno entiende que debe ser único, y que esa originalidad corresponde al diseño divino y no al remake de uno mismo. Digo que no es fácil cuando se reciben críticas de adentro y de afuera, de los que se oponen y de los que militan en el ejército propio y local.

Así las cosas -conector usado diariamente por Darío Arizmendi-, la reflexión no importa si uno no acepta su destino: si naciste para leñar, leña. Si naciste para trompetear, trompetea. Si naciste para tuitear, tuitea. Si naciste para lamparear, lamparea. Si naciste para estandapear, estadapea y así con todo. El hecho está en que nadie más podrá cumplir con la misión del otro, pues el propósito de vida es como una tarjeta de invitación a los Premios Emmy: personal e intransferible; así que nadie más podrá ejercer el rol con el cuál se escribió mi personaje, porque Dios es lo suficientemente creativo como para fabricarse mil muñecos igualmente perfumados y empacados.

No me puedo despedir sin agradecer públicamente a un personaje que me ha influenciado ampliamente y que, por milagros inesperados y por la cámara de Miguel Colmenares, me envió un saludo personal e intransferible, pues no hay otro Luis Carlos que siga a Rescate como este que escribe.




@benditoavila

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Suite Babilonia

Cuando me presentan al hijo recién nacido de algún conocido, me ufano de creativo con frases como "Está muy lindo", o "La misma pinta del papá". Pasan los meses y hasta los años para que vuelva a ver a ese pequeño bebé, que después no es ni bebé ni pequeño. Es ahí cuando lanzo una de mis frases lapidarias: "Uy, cómo ha crecido", que indica que ahora veo las cosas distinto y que el tiempo ha hecho lo suyo.

Tener un blog es casi lo mismo que tener un hijo, pues uno le invierte tiempo, dinero, esperanza y hasta amor a algo que no va a retribuir en nada, por lo menos hasta que crezca y produzca. Lo curioso es que uno lo hace desinteresadamente y porque quiere, o por lo menos eso creo yo, que no tengo ni hijos ni papá estable, solo un blog y una gata.

En fin, esta temporada vengo en son de paz, a dejar atrás los rezagos de caballero Sith y a volver al lado Jedi de la Fuerza, de donde irme no he debido nunca. Es tan extremo mi cambio que seguramente me durará dos horas, porque hay ciertas fracciones humanas que nunca se van a poder corregir hasta que llegue la divinidad. Pero bueno, no voy a hablar de la muerte, porque ya la he experimentado y me gusta más pensar en vida.

Me he dado cuenta que la vida necesita de la experimentación, porque a través de ella uno encuentra lo que realmente le gusta y para lo que fue diseñado. Lo curioso es que llegué a eso desde la teoría, pues no he vivido ni la tercera parte de todo lo que tengo planeado vivir. No quiero sonar prepotente, porque no hay nada más jarto que la gente que cree tener la verdad entre el bolsillo, pero hoy más que nunca encontré la paz de saber que lo que hago va por buen camino, o por lo menos pinta bien, pinta a la mano de Papá.

Desde pequeños nos enseñan que equivocarse no es el camino, que del error no queda sino el cansancio y que la respuesta incorrecta puede generar más problemas que la política actual. Lo cierto es que a través de mis mil intentos por decidir bien siembre ha habido un deseo de escribir mi propia vida, olvidando que me volví tan solo soy miembro del comité asesor cuando senté a Jesús en el trono.

No me gusta equivocarme hasta que comprendo que ese error es el que me ha subido de nivel. Tarde me doy cuenta que esa "mala decisión" es lo que necesito para volverme invencible y nutrirme de relatos por contar. Yo, que he pasado demasiado tiempo en Babilonia, sé lo que implica estar en la boca del lobo, expuesto a convertirme en lo que juré destruir, pero también es cierto que si nací para esto, Dios mismo dará las herramientas para salir victorioso y repatriado, como me lo ha hecho saber en un comunicado caído del cielo:

“Ya que están allí, construyan casas y vivan en ellas. Cultiven sus granjas y coman los frutos que allí se den. Cásense y tengan hijos; no dejen que su población disminuya. Asegúrense de que sus hijos e hijas también se casen y tengan hijos. Además, trabajen para que prospere la ciudad. Rueguen por Babilonia, pues si la ciudad prospera, también ustedes prosperarán. (... ) Ustedes van a vivir unos setenta años en Babilonia. Cuando se cumpla ese tiempo, les prometo que los haré volver a Jerusalén. Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar. Cuando ustedes me pidan algo en oración, yo los escucharé. Cuando ustedes me busquen, me encontrarán, siempre y cuando me busquen de todo corazón".
JEREMÍAS 29: 5_13
Enlace
Oh amados caba-ñeros, hoy queda sentado que la escaleta de mi vida ha recibido una poderosa sugerencia, que me encargaré de cumplir y desarrollar en el libreto que ejecuto todos los días. Lo cierto es que ya no tengo miedo de enfrentar mi destino, pues he entendido que es temporal y que me espera La Casa, no cuando yo quiera sino cuando Él lo decida.




Twitter: @benditoavila