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jueves, 18 de febrero de 2016

A media luz

Albert Camus decía que uno conoce una ciudad cuando sabe cómo trabajan, cómo mueren y cómo aman sus ciudadanos. La verdad es que como turista es difícil percibir a fondo esas particularidades, pues uno anda abrumado con todo, asombrado ante lo nuevo y cualquier detalle tiende a exagerarse. En Buenos Aires se ve eso, una suerte de majestuosidad que la misma ciudad emana y hasta contagia.

La ciudad es absolutamente turística, con las opciones y posibilidades de transporte, movilidad y señalización que hacen que un extranjero no se pierda, más tenga vida eterna. Y es que recorrerla a pie se hace tan mundano -en el sentido terrenal, no pecaminoso-, que genera esa sensación de recorrer grandes metrópolis, como cuando se recorre Nueva York. Como colombiano, uno sabe que está en el mismo continente, pero se siente esa amplia distancia cultural, de costumbres y de universo mental.

Después de estas letras con tinte de revista de avión, aquí van más postales desde Argentina, esta vez recorriendo otras comunas de Buenos Aires, que es como le llaman también a los barrios.


La popular Feria de San Telmo, que desde 1970 funciona todos los domingos en Defensa y recibe a más de 10 000 visitantes. Ahí es donde uno debe comprar el imán para la nevera, la billetera de cuero, la camiseta del Ché y otros muchos clichés.

Los puestos son negocios familiares de corte tradicional, donde las artesanías son cuestión de padres e hijos de todas las edades.

Imperdible venir a Buenos Aires y no conocer el Paseo de las historietas, circuito callejero por Monserrat, San Telmo y Puerto Madero. Allí se rinde homenaje a los personajes más importantes de la caricatura argentina, o como le llaman ellos, la historieta (obvio, por algo el paseo se llama así).

Ahí, en Defensa y Chile, a la altura 371, está la casa donde vivió Quino mientras hacía a Mafalda. Bueno, la foto lo dice todo.

La tradición es tomarse foto con Mafalda, Susanita y Manolito, el cual no sale en la foto porque lo tapó la señora del celular. La gente hace fila para esta foto, y la verdad vale la pena, porque Mafalda es de lo mejor que ha dado Argentina al mundo.

Cerca, muy cerca, está Puerto Madero, que es el barrio exclusivo de Buenos Aires. Aquí viven las personas con más plata del país, quedan importantes hoteles y hay todo tipo de restaurantes elegantes; y se entiende, pues la vista al río y a las fragatas hacen del paisaje algo inolvidable.


Pasar por Puerto Madero demanda caminar por el Puente de la Mujer, que es como cruzar el Brooklyn Bridge pero en menor escala.

El picnic en verano es casi que un plan imperdible en la Avenida Costanera. Aquí, las familias salen a tomar mate, compartir la comida y jugar Badminton. O por lo menos con eso me encontré.

El popular y bien ponderado Choripan, el cual sale, con bebida, por unos 53 pesos argentinos, que son como COP $11 000. Uno lo puede rellenar con lo que quiera.

El Rally Dakar tiene su parada y pasada obligadas por Buenos Aires. Aquí un fanático charla con uno de los pilotos que estaba limpiando su carro. La escena transcurre en la entrada del Hotel Hilton de Puerto Madero.
Estadio Luna Park, lugar donde las actividades culturales de todo tipo han tenido su lugar. Aquí Maradona hizo su fiesta de matrimonio, boxeó Carlos Monzón, tocó Red Hot Chilli Peppers, y predicó Dante Gebel. Todos gente de mi completa admiración.

Reza el tango de Carlos Gardel que aquí, en Corrientes 348, transcurre una historia de amor y cocteles. Lo bonito es que el lugar conserva la fachada homenaje, que hace que se resalte el lugar en la zona.

Para muchos, Corrientes 348 remite a Gardel. Para mí, remite a Rescate.

Pecado es no probar las empanadas argentinas, todas preparadas al horno, con muchos quesos y aceitunas negras. Aquí un puesto de empanadas en la Avenida Federico Lacroze.

Rosedal de Palermo, un lugar para quienes aman las flores. Yo, que soy severa flor, tenía que visitarlo. Obviamente no duré ni un minuto allí.

La gente cuestiona mucho el ego de los argentinos, pero cuando uno comparte con ellos se da cuenta de que tienen un arraigo distinto, una identidad nacional que no se pone en duda ante nada, tan diferente a Colombia. Este es un tremendo copy visto en GreenEat, maravilloso mercado natural.

Me explicaron que cuando un auto tiene una botella encima, quiere decir que ese auto está en venta. Creo que este tipo de cosas son las que revientan la cabeza del turista, como me pasó a mí, que quedé feliz de saber esto aunque no me servirá para nada en la vida.


Niños felices alimentando peces. El cuadro es totalmente internacional, casi que podría ser una postal de Miami. La foto fue tomada en un lugar bien internacional: el Jardín Japonés.

La comunidad asiática tiene en Argentina un lugar preponderante, casi que sucursal. Impacta ver a chinos, japoneses y koreanos haciendo negocios y conviviendo tan naturalmente.

Heladería Freddo, un clásico argentino que está en todo lado. Recomendado el helado de Mascarpone.

Y ya que hablamos de comida, esta es La Casona del Nono, restaurante de parrillada y carnes en Lavalle. Allí uno se puede aplicar una buena comida para dos en 300 pesos argentinos.

La pizza argentina es diferente, más delgada, más Chicago, más quesuda. Recomendada la Fruzzeta, que es hecha a base de Muzzarella y cebolla. Pizzería Kentucky en Palermo viejo, calle Soria. 

El popular Subte, capturado en movimiento en plena Línea D Estación Scalabrini Ortiz. La forma de movilizarse así, por debajo de la tierra y a media luz, cosa a la que no estamos acostumbrados en Colombia, donde el 'a media luz' es común a la corrupción de vivir con zonas de oscuridad en todas las esferas del poder, no a tener un Metro y condiciones de transporte decentes.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Problemas técnicos

Últimamente entro a Facebook solo para terminar saliendo ciego de ira. Veo noticias de gente cercana, leo en esas notificaciones que están felices, que su vida cada día es más rechinante, que encontraron el amor y perdieron el respeto (tal cual como Dios manda). No me quejo: este agonizante 2012 ha sido el mejor año de mi historia, pero igual me hierve la sangre la alegría digital del prójimo, su sobradez y status quo tan opuesto al mío, que parece una temporada larga de Sábados Felices.

Así es: experimento problemas técnicos. Tengo unas neuronas programadas a pensar lo bueno y lo honesto, así que lucho cuando en flashes forward me veo desde un campanario descargando una M82 sobre las cabezas de quienes viven en una felicidad instagramera, de aquellos que postean su comida, amaneceres o atardeceres, versículos bíblicos, anillos de compromiso, pedidas de mano y demás material que al parecer los hace superiores que el resto de los mortales. No los envidio ni me les amilano, en serio, solo que detesto esa vida plástica que vendemos a través de las redes sociales. Vendemos, me incluyo, porque aunque no tengo Instagram, uso Twitter y hasta Facebook como inyecciones inflamatorias al ego.

Ya veo lo que dicen sus ojos, oh amados caba-ñeros y caba-ñeras, que soy un resentido social, que vaya y me desahogue donde me toca, que no publique estas cosas que a nadie más le interesan, que además de Olafo y paticortico ahora resulté creyéndome de mejor familia, que brincos diera, que tengo hambre. Ignoren lo que sus cabezas dicen de mí. No hagan caso, son rumores, son rumores. Lo cierto es que hasta mi propia familia extendida ha optado por dejarme ir, como si promulgar un cristianismo cotidiano fuera una epidemia de proporciones bíblicas. Y mis camaradas también, pues parece que pensar diferente es autoexcluírse de los rituales que se supone nos unifican.

Esa bendita maña social de querer hacer parte de todo, de ser el punto de quiebre de muchas vidas, de entregar el corazón y la vida a extraños en la calle es desgastante. A eso le llamo problemas técnicos: ese desbalance real basado en la 2.0, esa sensación mamerta y comparativa de incomodarse gratamente con quienes hacen su vida a pesar de uno.

Termino el que ha sido el mejor año de mi vida al estilo de una curva dramática. Empecé 2012 en una playa, con el corazón oliendo a coco y piña y bajo la linda bruma de una ilusión onírica; naturalmente lo termino con todo lo opuesto: sentado en una oficina, con el pelo aplastado y el bigote resoplando fruto de una sensación que todavía no logro identificar. No es rabia, no es ira, tal vez es una suerte de frustración depresiva parecida a la que enfrentó el profeta Elías: he guerreado con valentía y he vencido en las mejores plazas, pero adentro me siento en la lona, con un deseo de escapar, de hacer que todo arda o en su defecto explote.

Tenía otras expectativas de la resolución de estos 365 días de cyberpunk divino, pero no puedo negar que si algo aprendí este año es que el secreto está en enfrentar la vida a pesar de los problemas técnicos. Me le he fugado a la candela muchas veces, me he empapado las rodillas con Isodine y limpiado los ojos con colirio desde que tengo memoria espiritual; me le he medido a sendos cocodrilos siendo un pequeño gato de basurero como para que ahora una cueva me encarcele y acabe. No me siento ni en ventaja o desventaja por contar que hay algo en mí que todavía no termina de ajustarse, pues también creo que la fe no es solo hablar "positivamente", sino hablar con inteligencia, con la conciencia puesta en el cielo y la mirada puesta en la cruz.

Esto me ha llevado a tomar una decisión: este 2013 habrá cambio de mando. No sé ustedes, pero yo me mamé de ser testigo, cómplice y hasta celestino de las historias de otros. Es verdad que me gusta ayudar a que muchos encuentren el propósito de su vida, su camino y destino; pero como dijo mi papá cuando descubrimos que tenía amante: ¿Y dónde quedo yo? No iré a buscarme una oficinista que me acepte una invitación a comer Pollo en la Primera de Mayo ni mucho menos; solo sé que me iré, saltaré, volaré, oh-oh, cantaré, oh-oh-oh-oh. Haré algo más con mi vida que contemplar cómo los sueños de otros se cumplen, con o sin mí.

Aquí estoy, diciendo adiós con la última entrada del año, parafraseando a Dante Gebel, haciendo mi versión libre de algún Salmo, elevando una plegaria en la cual solo pido ser libre de aquel en quien no confío, el que siempre me traiciona, el que me falla por tener mal instinto y se esmera en hacerme presa de sus malas intenciones. Pido ser libre de mí mismo.


@benditoavila

martes, 23 de octubre de 2012

Noche de ADN

Todo cristiano tiene su precio, aunque a decir verdad el mío no es muy caro. De nada me sirvió promulgar lealtad, fidelidad a los principios, ni ninguna clase de consagración en vida cuando ante tal oferta dije: "Listo, hagámoslo". En mi defensa, me vendí después de haberlo pensado, pues me preocupaba mi prestigio, mi buen nombre e identidad cristiana. Pero también vi que se dieron las cosas sin forzarlas mucho y eso en cierta medida me dio la paz cuando la gente de Enlace me ofreció una boleta para ver a Dante Gebel en Bogotá a cambio de tuitear del tema. Sí, me vendí por un pan dulce.

Aquí ya hay una contradicción muy fuerte que para un Grinch local, un Woody Allen criollo y neurótico espiritual como yo encierra una ironía: yo, Luis Carlos Ávila R, crítico acérrimo de los medios de comunicación cristianos, era contactado por el canal de televisión al que más he disparado con mis ponzoñosas apreciaciones de producto y contenido. Gracias a Dios no soy un ortodoxo idiota ni extremista ñoño, pues es de valorar que la gente de Enlace muy atentamente me contactó, llamó, buscó y ofreció con nombre propio la entrada gratuita al evento. Bendije a Enlace, a los que trabajan allí, y a mi cuenta en Twitter aunque desde siempre ha sido bendita la muy bendita.

Pero bueno, eso no es lo interesante, ¿o sí? para muchos puede que sea divertido pero para mí es una lección de humildad, porque cuando me creo la chimba Dios usa gente y hasta empresas claves en Su Reino para aterrizarme y mostrarme el grado de idiotez, estupidez y boludez que cargo en mis venas. Aclarando y confesando mi miserable prejuicio, me queda decir que fue un momento lindo de mi vida tuitera, pues nunca antes Twitter me había servido para algo concreto y real más que algunos RT y menciones. Fue algo lindo, pero no tanto como caminar bajo la inclemente lluvia del viernes en la noche, a buscar lugar, a encontrar destino y a cargar baterías con uno de los predicadores cristianos que más he admirado en vida.

Desde que tengo memoria cristiana, he admirado a Dante Gebel. Recuerdo sus prédicas los martes a las 4pm por Enlace -cero y van dos-, donde me impactaba un cristiano que además de hacerme reír me retaba con su discurso más que emocional. De Dante aprendí que un comunicador debe hablarle a la necesidad de las personas y tiene un reto tácito cada vez que se trepa en algún púlpito: no agregarle ni quitarle nada a la revelación divina. La gente ha creído que lo idolatro, pero lo cierto es que lo admiro y mucho. Los ñoños religiosines siempre hablan de quien rompe esquemas y así como hablan de mí, han hablado de Dante y véanlo ahí, removiendo cabezas con hachas espirituales. Eso me alimenta el deseo de avanzar como alguien que quiere ver arder el mundo. Aquella noche, con los pies secos pero con los hombros empapados, me senté a recibir una cátedra práctica de lo fundamental para ser cristiano.

Dante habló del ADN, de cómo olvidamos la esencia del cristianismo y la terminamos enterrando para que la gente se quede con un decorado, una caja con moño que disfrazamos de positivismo, valores, felicidad, solución a los problemas. Si en algo he pensado en vida es en eso, en cómo hemos hecho del cristianismo un producto mercadotécnico donde la cruz es un objeto subvalorado. Empaquetamos a la gente en procesos, niveles, ministraciones, ayunos y cuanta práctica cristianamente se nos ocurra, desconociendo que el centro debe ser la cruz y la conciencia personal de necesitar un salvador.

Tristemente creí que nunca iba a poder ser cristiano, pues hace 10 años di con una Iglesia donde aprendí elementos buenos pero viciados: aprendí a tener una relación con Dios edificada desde las mañas, los gajes de oficio y del beneficio. Creí que Dios era alguien a quien debía buscar dejando de ser yo mismo y convirtiéndome en una suerte de Ned Flanders que seguramente evolucionaría en Walt White en algún momento. Por eso, cuando en verdad pude conocer a Jesús, mi vida se partió en dos, porque lejos del esquema religioso y de mi estructura emocional, entendí que de ahí no me sacaría ni la Javeriana, ni la radio, ni el oficinismo, ni la neurosis, ni la soltería, ni nada.

Dejemos la payasada, caba-ñeros y caba-ñeras, que esto no se trata de nosotros, de hacer reuniones cortas para que podamos salir a hacer planes, o de no saturarnos con compromisos eclesiales porque "tenemos una vida real afuera": esto se trata de Él, de la conciencia plena de que al morir en la cruz nos redimió y escogió, de darle la prioridad y el lugar al piloto que debe guiar al avión, el único que podrá hacer que esa nave con destino a Temptation Island haga un giro en u, para embarcarse hacia un destino mejor que el soñado.

Me gusta ver que cuando me imagino a un Jesús punkero, violento, energúmeno y no tan buena onda no estoy fuera de onda. Jesús vino a que lo siguiéramos, fue influyente, firme, no un caribonito y tiernito como el que nos vendió Mel Gibson en su momento. Jesús es amor, pero todo amor carga algo de violencia interna. Si vino a que lo siguiéramos, ¿por qué esperamos que sea él quien se ajuste a nosotros? Jesús no perdía el tiempo haciendo milagros para convencer a la gente de que lo siguiera, lo hacía porque en cada uno de ellos imprimía su influencia. No esperaba que volvieran la semana siguiente para "terminar de convencerlos", no los convencía a cuotas sino que capturaba su atención de un primer impulso.

Salí del lugar con el corazón y la cabeza a mil, pues los retos espirituales involucran no solo el músculo de la fe, sino todo el ser. Son cuestiones ontológicas y de identidad y creo que eso es lo que resume mi vida, lo que me hace ser quien soy: entender que un encuentro con Dios arruina el apetito por los encuentros humanos, que 30 segundos frente a esa cruz fundamentan y cambian a alguien para siempre.


@benditoavila

jueves, 9 de febrero de 2012

Requiem TV

Nunca le he tenido rabia a la muerte, aunque debo reconocer que siempre es doloroso ver cómo gente admirable deja el planeta sin que haya podido contactarlos personalmente. Aunque el duelo es algo que no se imposta, debo confesar que me afectó ver que murió la libretista Mónica Agudelo justo cuando yo empezaba el camino de la escritura audiovisual, terreno en el que ella es y será la mandamás (con Fernando Gaitán, a quien he tenido la fortuna de entrevistar personalmente).

No vengo a rellenar entradas con el falso dolor farandulero, porque no hay nada más oportunista que homenajear en televisión al muerto, como tratando de reivindicar la conciencia ante el deber incumplido de honrarlo como se debe en vida; lo cierto es que desde la barrera empiezo a ver cómo algunos de los personajes de televisión, radio, cine y música a los que admiro están empezando a morir.

Murió Luis Alberto Spinetta, y aunque no fui un asiduo seguidor de sus obras, sí debo decir que para mí fue uno de los grandes del rock en español, música que tanto disfruté en cierta época de mi vida. Me gustaba el blues que hacía cuando lideraba Almendra, una que otra de sus letras poéticas y hasta ahí. Siempre he sido conciente del carácter evolutivo y heredado que manejan las artes: los grandes del ayer lideraron revoluciones que sentaron las bases vanguardistas en las que nos paramos hoy.

Tuve la oportunidad de asistir a la misa requiem de Mónica Agudelo, sin invitación ni compromiso aparente, tan solo para observar cómo la televisión lloraba a una de sus grandes creativas. Ante los mariachis que entonaban las despedidas -por eso requiem-, me di cuenta de que el perder la oportunidad de consultar a los grandes será un mal de toda la vida: no tuve la oportunidad de pedirle consejos para aprender a dialogar en televisión como ella lo hacía, ni consultarle sobre la construcción de personajes.

Aunque también me quedé sin preguntarle a Spinetta por algunas de sus letras, espero que Dante Gebel, Woody Allen, Paul McCartney y Chespirito no mueran sin que pueda llegar a donde estén, para conocer parte de los secretos de sus múltiples revoluciones culturales.


@benditoavila

viernes, 2 de diciembre de 2011

-Charlie- Ávila

Ahora que lo pienso, llevo muchas entradas citando a mi apellido paterno. ¿Habrá alguna intención oculta detrás de esto? Espero que no, pero debo aceptar que tras casi 23 años de oír cómo la gente se aprende mi apellido no tanto como mi nombre, he decidido valorarlo como nunca antes. Soy Ávila y hago aviladas, como cualquier Ávila que se respete.

Esto ya se ha dicho mil veces aquí en La Fiebre, así como la perpetua creencia de un Dios que hace milagros creativos a diario. Siempre he resumido mi biografía con la siguiente frase: "No de los Ávila bien, sino de los bien Ávila". Pero como hoy no voy a hablar de mi papá, les dejo el link de un buen flashback avileño para que se entretengan.

Me causó especial interés la visita del actor Charlie Sheen a Cartagena, que para este punto es periódico de ayer. Carlos Estévez -como en realidad se llama el susodicho- pisó nuestra tierra y disfrutó de nuestras playas, brisas y mares. La discusión se detiene aquí, porque si vamos a hablar de lo que se esnifó, inhaló, consumió, probó y recibió se nos va la entrada sin tocar lo importante: pisó Colombia luego de abandonar una de las mejores comedias que la televisión ha visto en los últimos años: Two and a Half men -eso sí, nunca como Chespirito o Seinfeld, los verdaderos integrantes de mi Olimpo de la comedia-.

Según algunos periódicos locales -pero no por ello respetables-, el actor que reemplazó a Sheen en la comedia "no ha logrado la empatía del público ni los niveles de audiencia que alcanzó su estrella original". Es tan indiferente que ni siquiera he mencionado su nombre, por si no lo han notado. Con ello no quiero decir que no me guste su trabajo, solo que es impresionante ver cómo un actor se puede hacer indispensable y vital para un producto, hasta el punto que a pesar de su salida lo siguen involucrando dentro de la trama de la serie.

Lo curioso de leer el comunicado anterior es ver apartados como este: "La jugada más reciente del equipo de creativos de la serie fue apelar a lo sobrenatural para 'revivir' a Charlie Harper (interpretado durante ocho años por Sheen) y darles una bocanada de oxígeno a las alicaídas estadísticas que ya no tienen al programa como uno de los más vistos de la televisión estadounidense".

Si siguen leyendo, oh amados cabañeros y cabañeras, sabrán que los productores planean traer al espíritu de Charlie en una posesión, además de desnudar al reemplazo para que con su esbelta figura haga las delicias de todas -y todos, por aquello de la inclusión-. Luego se mencionan a los guionistas, quienes tienen la misión de desarrollar tensiones entre el reemplazo y su madre -la de él-, calcando el mismo cuadro original de repudio que Charlie tenía con Evelyn, su progenitora en la serie.

Me impresiona que se escriba un personaje para un actor y que a la hora de bautizarlo prefieran ponerle el mismo nombre como una forma de homenajearlo y casi que atarlo al referente: no en vano Charlie Sheen ha llevado una de las vidas personales más polémicas que la misma televisión ha querido llevar al plató. Si bien Sheen no es mi modelo a seguir, sí me genera interés eso de crear personajes casi biográficos, a tal punto que la ficción se termina fundiendo con la realidad.

Esa es la dinámica de la televisión: haga cosas memorables, luche por hacerse indispensable y esfuércese porque las cosas sigan así usted ya no esté, pero siempre recordándolo. Yo soy Charlie Ávila, un joven que trabaja en televisión y que aunque conoce estas mecánicas maléficas -pero no es una celebridad cuando va a Cartagena-, también sabe que detrás de esto hay un engaño sutil y más efímero que el éxito de José (con tilde en la é) Gaviria como cantante.

Lo más triste es que así como le pasó a Anakin Skywalker, uno puede convertirse en lo que juró destruir: el ascenso hacia el cadalso Sith es amplio y cómodo aún para los mejores Jedi. Nadie está excento de volverse un Charlie Sheen versión cristiana: embebido de excesos, ávido de reconocimiento y sediento de fama, desconociendo que el sentido no es autopromocionarse como el nuevo Lutero, o como la estrella con más luz, sino amar y aportar para que Él sea quien brille. La estrella brilla más en la medida en que ha sido más estrellada y su fulgor es reflejo del sol, no de sí misma.

Ahora entiendo por qué Dante Gebel decía algo como lo siguiente: "Toda espiritualidad que se promueve ya tiene algo de enfermedad. Todos aquellos líderes que van por la vida propagando sus virtudes estarán siempre a un paso de la catástrofe moral y espiritual. Cuando escuchamos a personas que hablan de sí mismas como si fuera de otras personas, de un personaje, es porque estamos ante un candidato al desastre. La historia es un fiel testigo que esto siempre fue así. Por eso es preocupante que haya tantos jóvenes queriendo 'llenar estadios', 'conmover naciones' o 'llegar a la televisión' (énfasis añadido) y no porque esas metas estén mal en si mismas, sino porque es muy probable que la motivación esté totalmente fuera de la voluntad de Dios".

Sigo sosteniendo que la televisión necesita personajes, actores y referentes que lleven a pensar algo más que el placer y lo banal, que aporten desde sus letras debates éticos, morales y espirituales; pero no por ellos mismos, ni para engordar los orgullos: Llegar a la televisión es una responsabilidad que en este 2012 tendré la tarea de aterrizar.


@benditoavila

lunes, 21 de noviembre de 2011

El cristianismo darks

Para leer esta entrada se debe obligatoriamente ver el siguiente video, cortesía de un gran amigo y socio de la violencia cristiana, apodado en el bajo mundo como "El Benjamin". Si usted es prejuicioso, amaneradamente mezquino, religioso o en su defecto todas las anteriores, abandone este blog por amor de usted mismo. Advierto que el video puede contener material explícito, así que es mejor que nadie lo vea. Si después de verlo quiere más, no lea este blog, cierre inmediatamente el explorador de Internet, reinicie su computador y haga de cuenta que no ha pasado nada.



Siempre he creído que las ideas revolucionarias son las que cambiarán el mundo, no la tradición mal contada. Creo también que para tener ideas que valgan la pena publicarse, es necesario salir del montón, de la comodidad y de la cultura que nos ha tenido sometidos a hacer las cosas de formas heredadas. No tengo problema con lo que nuestros ancestros nos han dejado, pues sería bastante tonto denigrar del legado que llevamos; el punto es que estamos en una era donde los receptores no se deben leer como antes, en función de escuchas solamente: ahora los receptores también son emisores, y esto demanda que se reevalúen las dinámicas de comunicación en todo nivel.

Después de este párrafo teórico -la cara académica y seria que mis detractores no saben leer y toda darles desmenuzada-, vamos a lo que nos interesa: lo darks y lo incontable. Finalmente por eso visitan este hijo-blog, ¿Cierto, oh amados cabañeros y cabañeras? Les gusta que se les dé su buena dosis de mordacidad cristiana por vía intravenosa, aunque lo nieguen.

"Como puedes ver, así como los peces fueron creados para nadar y los párajos para volar, yo fui creado para "noquear" a todos aquellos que no les gusta evangelizar". ¿Habrá algo más maravilloso que un ser que ha entendido y reconocido para qué está en la tierra? creo que no. Es tiempo de dejar plasmada y retratada aquí en La Fiebre mi admiración y respeto sinceros por El tacleador evangelista, quien junto con Chespirito, Dante Gebel y algunos otros creativos, ha entrado a mi lista de honor de héroes.

Tal parece que todos necesitamos dar a conocer un cristianismo así, pues han sido varias las décadas en las que la sociedad ha leído a los cristianos como seres tan espirituales que carecen de pensamiento, capacidad de selección política y criterio. Muchos hasta dan por hecho que los cristianos son seres asexuados, sin fuerza física y sin ápices de violencia. Nada más erróneo que pensar el cristianismo desde la debilidad: de hecho, la Biblia dice que el Reino de los Cielos avanza contra viento y marea, que además sufre violencia y solo son los valientes los que son capaces de integrarlo.

Nada más darks que ser cristiano y joven. El tacleador evangelista -que aparte de ser darks es negro- nos alecciona acerca del miedo, de la falta de efectividad en cuanto al cristianismo que vivimos y hasta en lo míseros que nos podremos llegar a ver si vivimos como todo el mundo. Para mí, ser cristiano y ser aceptado es un oxímoron: somos nosotros el lado B del disco, la mancha negra (darks) en el lienzo blanco, el mugre en la pared, y como lo diría Rescate: el pelo en la leche.

El día en que como cristianos entendamos que estamos en la tierra no para caer bien, sino para importunar y promover una verdadera política del amort y de la violencia, avísenme por favor. Seguramente saldré al aire en televisión y buscaré que la gente escuche mi verdad.


@benditoavila

viernes, 9 de septiembre de 2011

Yo soy Fiebre, la fea

Hay entradas que suenan, hacen ruido y llaman la atención por tanta alharaca. Esta viene a ser una némesis de todas las anteriores, un acto silencioso que no quiere autopromocionarse sino solamente extirpar venenos. Me siento envenenado, rabón, rayado, cansado y con ganas de poner una bomba en algún lado pero antes pegarle a una mujer en un bar que ojalá se llame El Bembé. Saben que no lo haré -porque mi religión no me lo permite-, pero mi exageración lo único que pretender es revelar lo incómodo que estoy ante la incomodidad -redundancia pensada- de convertirme en lo que he jurado destruir.

Hace 10 años -tema de moda en todo lado-, admiraba profundamente a Kurt Cobain, vocalista y líder de Nirvana. Muchos sabrán que Cobain se suicidó a sus 27 años, y quienes lo conocen argumentan que estaba cansado de la fama, del poder y del status de roquero que para muchos se convirtió en un estilo de vida. Seguramente Cobain nunca pensó que el grunge que hizo, ni su estilo ni percepciones de vida se convertirían en casi una religión para muchos jóvenes e incautos. Ahí fue cuando se mató: cuando vio detrás suyo a miles de Kurts y Kurtas que lo levantaron como un adalid, algo que él nunca se propuso. Debe ser aterrorizante ser vendido como producto en serie.

Si algo le incomoda a mi parte más melancólica y artistoide -propia de un mamerto pop-, es ver gente que termina pareciéndose a otra gente tanto o más normal que ellos mismos. Ayer recibí un comentario de alguien que estimo y aprecio mucho, que decía lo siguiente:

(sic) "Se volvió jarto ver a sus fans, que digo fans, Fanáticos, copiando sus frases en los status y delirando por una nueva entrada al blog. dentro de poco Chespirito será el próximo Batman roberto, Los punkeros los nuevos geeks y todos andarán descomplicados con nike´s en la iglesia diciendo que tienen su propia fiebre"

Yo pienso en un mundo de muchos Luis Carlos Ávila Rincón -mi verdadera identidad que hoy por fin es revelada- , y digo: la humanidad no ha quedado en buenas manos. Si a través de un blog he logrado que la gente me imite, me siga, quiera ser como yo o agarre mis ideas como propias, es tiempo de reconocer que he fracasado rotundamente. Por lo tanto es hora de dejar el país, esperar la horca o por lo menos una inyección letal. Hoy es tiempo de que sepan, oh amados caba-ñeros y caba-ñeras (según estadísticas La Fiebre le encanta a las oficinistas y amas de casa desesperadas), que yo no soy yo: soy una fusión pirata de Jesucristo, El Grinch, dos oompa-loompas, Chespirito, Woody Allen, Carlos Olmos, Andrés Salgado, Martín de Francisco y Dante Gebel presentada en versión sachet.

Este blog -que se acercaba a su primer aniversario-, ha tenido siempre como propósito llevar atenta nota de lo que me sucede, de lo que pienso y creo. No soy un rockstar, pero sí estudié Comunicación Social en la Javeriana -lo que me hace popopstar-. Pero es raro, porque cuando veo que la gente comparte mis ideas y no da crédito me enfado, primero por cortesía editorial, pero también porque en últimas uno no busca ser imitado, mucho más si se tiene claro que yo sigo a Jesús y que mi labor es darlo a conocer al mundo. Nunca he buscado que brille mi nombre por dármelas de chocoloco, o ser el bacaneitor bloggero: sigo siendo el mismo perro de parqueadero al que le suda más la axila derecha que la izquierda, que mide y pesa lo mismo desde hace 10 años y que a veces siente miedo de enfrentar la vida por no haber nacido en cuna de oro.

Antes de convertirme en un becerro de oro, ídolo de masas o fenómeno pop, prefiero el harakiri cristiano con corte de franela incluído. A partir de hoy asumo unos días de silencio bloggero-facebookero y en ocasiones tuitero buscando que ustedes, gente importante y letrada, dejen de ser iletrados y vean al Jesús que deben imitar, no a los burros que cargamos Su Presencia. Ahora seré una ex-trella que adrede ha decidido caer en desgracia, pasar inadvertidamente y convertirse en un fantasma feo por un tiempo, a ver si también se deja de creer la chimba siendo Gasparín.

Invisible - 2011


Twitter: @benditoavila (Después de abierto, consúmase en el menor tiempo posible)

viernes, 26 de agosto de 2011

Solos y Solas

Cuando estaba en la Universidad leí un libro que me reformó el pensamiento acerca del amor. "El Amor es como una historia", de Robert Sternberg, me enseñó que somos nosotros mismos quienes buscamos nuestras propias parejas, así como nuestros propios verdugos. Según Sternberg, cuando una persona argumenta que siempre le tocan tipos o viejas parecidos, o cortados con la misma tijera es porque sin quererlo ha construído un concepto del amor que no ha trascendido, pues se ha quedado en lo limitado de una definición del amor que debe replantearse. Si el amor es como una historia, somos nosotros quienes escribimos nuestros amores y además nos atrevemos a eliminar los vestigios de amores pasados e inconclusos. Esta teoría, por supuesto muy reveladora y adecuada, es precisamente lo que uno olvida en noches como la de anoche.

Todo inicia con un correo electrónico donde recibo una invitación a un show de stand-up comedy. Muchos de ustedes saben que la comedia no me ha sido nunca indiferente, así que decido aceptar el agasajo con el mayor de los gustos. El comunicado que venía con aquella invitación también sonaba a advertencia, pues el evento tenía un fin único: socializar e interactuar con cristianas en edad de merecer. Aquí quiero hacer una pausa y debatir: ¿Quién se inventó eso de la edad de merecer? ¿Merecer qué? ¿Por qué a mí me toca merecer, si eso suena como a meritocracia o a ya merito merezco? Suponiendo que sea merecer algo bueno decidí aceptar, una vez más pensando en que las historias no caen del cielo y que como a las mujeres, hay que salir a conquistarlas para luego traerlas a la intimidad. No me malinterpreten, la intimidad del blog y no de una cama -por lo menos hasta el matrimonio. Recuerde, soy cristiano y creo en todas esas convicciones que para muchos parecen retrógradas-.

De entrada no pude evitar en pensar en Hitch, en la escena del Speed Dating. Es que para eso de hacerme reír los gringos mandan la parada. Me imaginé un grupo de cristianos rotando entre mesas y mesas, solo que en vez de hablar de sexo hablaríamos de matrimonio, de la Biblia y de cosas afines que puentearan lo vergonzoso que puede llegar a ser abrirle el corazón a alguien sin quedar como ama de casa desesperada. Eso sí, sabiendo que el evento era patrocinado, creado y producido por mi Iglesia no me cabía la menor duda de que sería elegante y muy fancy, cosa que caracteriza -y debiera caracterizar-, cualquier empresa espiritual.

Nunca he creído que el amor traduzca sufrimiento, ni que el amor muere a manos del matrimonio. Creo, como dice Sternberg, que hay varias clases de amor, pero todas en camino a ser un amor consumado: un perfecto balance entre intimidad, pasión y compromiso. Si llegara a haber solo intimidad, sería algo así como cariño de confidentes; solo pasión sería encaprichamiento del barato; y solo compromiso sería habitar un espacio vacío y sin ilusión. Podríamos combinar estos tres ítems y obtener de todo, pero el punto es que uno no puede llegar al amor sin tener claro qué piensa, qué espera y qué tiene para darle a la persona que profesa amar.

No pude evitar poner la quijada en el suelo al ver el lugar, tan fancy como me lo imaginaba. Es el mismo lugar donde he estado adorando a Dios y presenciando bodas (qué lindo), solo que ahora está vestido de sofás de cuero, cocteles sin licor, pasabocas y música chill-out para ponernos a interactuar. Ahí respiro aliviado, porque eso de las citas amorosas, sean ciegas o rápidas, creo que es algo que no cabe dentro de las dinámicas cristianas. Aquí no estábamos en cita, aunque lo interesante sería empezar a charlar y conocer gente sin pretenciones como bien lo dejaron claro los Pastores. Me alivió verlos a ellos más nerviosos que muchos de los asistentes, quienes en sus caras revelaban la angustia de elevar la escotilla que les permitiría abandonar el submarino de la soltería. Pensé que era muy joven para estar allí, pues este portento bogotano de 23 años no se imaginaría nunca alternando conversaciones con gente de mucho mayor bagaje emocional y de vida. La noche pintaba, y pintaba color comedia.

La primera tarea al entrar fue marcar la copa, seguramente habría gente que se pasaría de ambiente coctelero y la perdería en aquel río de rapto y enamoramiento, imaginaba yo. También pensé en que si no nos daban sticker para poner el nombre debía haber un distintivo y qué mejor que conocer a alguien por lo que toma. Yo agarré un marcador y me bauticé a mí mismo con un seudónimo propio para el coqueteo y el anonimato: Lalo Landas "El escogido". A este punto se podría pensar que lo que decía Groucho Marx sería mi frase de batalla: "Es mejor quedarse callado y pasar por idiota, que hablar y despejar todas las dudas". Como Lalo, álter ego alocado y hasta lamparoso debía salir y aflorar, decidí embarcarme en la tarea de meterme en el rollo y elevar la mirada, pero para pasar de agache.

Creo que una relación de amor demanda trabajo, pues es enfrentarse a una aventura desconocida donde el otro es un sujeto cambiante e imperfecto, casi un interrogante. Precisamente cara de interrogantes que debían resolver más interrogantes teníamos todos cuando nos entregaron una hoja, con lo que yo llamo dinámicas recreación Cafam: debíamos buscar que personas del sexo opuesto nos firmaran si cumplían con características señaladas, como alguien nacida en Agosto, alguien que hubiera vivido 3 años fuera del país, alguien que fuera líder de grupo, entre otras. Todo marchababa bien hasta que levanté la mirada y percibí caras inseguras, hombres a un lado y mujeres al otro, casi que procastinando el encuentro prometido. Vi a los hombres como leones con fachada de gatos, con las uñas cortadas y sin la capacidad de salir a casar ni a casarse. Vi mujeres con hambre disfrazada de esperanza, actitudes de resignación propias de una fe hipotecada. Yo me preguntaba como la canción de Cultura Profética: "Dime, ¿Por qué nadie se atreve?"

Siempre he creído que la humanidad necesita de Dios, pues es él quien puede sanar nuestras identidades y hacernos mejores humanos. Una Iglesia que se preocupa por ofrecerle espacios de sanidad a su gente está encajando dentro del plan divino, que no es que nos vayamos al cielo solamente, es trabajar a diario para que la humanidad entera conozca a Jesús y así pueda vivir el cielo en la tierra. Lo que sí fue claro es que los oídos me empezaron a retumbar y los tímpanos querían escapar cuando escuché aquellas risotadas oligofrénicas y aterricé, para recordar que lo que estaba viviendo debía verse publicado aquí, en La Fiebre -el lado B del disco-.

En tarima un fenómeno de la comedia cristiana. Fenómeno en el sentido freak de la palabra, pues ya de entrada me brincó un andamio de show de títeres de donde colgaban un par de cortinas de terciopelo con la leyenda dorada La Biblia. A eso sumémosle la aparición de un señor con traje llanero negro, alto y obesamente cálido, que se hacía llamar El Pastor de la Risa. Desde el punto de vista purista, este humorista -una fusión entre el cantante del gol y Mc Phantom- no hacía stand-up, pues se dedicaba a recalcar ruidos de helicópteros que en su versión acompañaban la narración del hijo pródigo versión Beta. Confieso que pues después de escuchar expresiones como Hermano en Cristo, Dios le bendiga, Amén, hermana y demás evangelismos tipo Enlace hasta la saciedad me eché unos cuántos globos: fui al futuro, tomé coctel de maracuyá, fui al baño, a la oficina a escribir un libreto y volví. Ah, hasta puedo alardear de que me fui a recorrer el lugar para examinar la temperatura de la actividad. Supongamos que se acabó la rutina (guiño guiño) y volvimos a la actividad, ¿Listo? Ok, moción comprada.

Si hay canciones que despierten el amor antes de tiempo entre los cristianos, son las bachatas merengudas de Juan Luis Guerra. Las cristianas, porque donde hubieran puesto la canción de la esposa del mudo tal vez hubiera afilado las Martens y parado el cuello de la camisa para salir a danzar mientras lanzo la pregunta que hasta anoche pude hacer -o bueno, hizo Lalo-: ¿Estudias o trabajas?. La gente continuó interactuando hasta que el Maestro Jedi, famoso desde las dos últimas entradas de La Fiebre, gritó a viva voz y con micrófono en mano: ¡Miren, allá está Luis Carlos! Él les ayuda a terminar de firmar su hoja, él es profe". Lalo quedó sepultado tras haber charlado con mujeres de 35, 28, 25 y 42 años, quienes se extrañaron ante la revelación inesperada de la identidad de aquel joven crespo que resultó cuasiinfiltrado y ahora rodeado de más de 35 mujeres, todas pidiéndole el autógrafo y su nombre como si fuera un ídolo pop cristiano. Todos sabemos que nada más es un perro canequero, rezandero y ahora preparador de reinas.

Dante Gebel alguna vez dijo que "No existe el amor a primera vista, existe el impacto a primera vista". Salserín cantaba en los años 90: "Lo nuestro fue amor a primera vista, primero fue a vista y después amor". Y así hay muchas frases célebres del amor -sobretodo las de Salserín-, pero mi punto es que creo que el amor es algo que está dentro de nosotros, no que llega por sí solo. Cuando uno le pide a Dios que le dé amor para amar a los demás, le está diciendo que prenda esos fogones que ya existen de fábrica en el interior -no del calzoncillo-. El amor no cae del cielo, se cultiva y crece en gente que entiende que uno decide amar: no es solamente un sentimiento, es un conjunto de acciones que permiten construir puentes con el otro y cruzarlos entre sí. Finalmente, estamos diseñados para vivir en pareja, como dice la Biblia.

Cuando uno sabe a lo que va no se enreda en el camino. Yo sabía que Luis Carlos no iba de flirteo -tal vez Lalo sí-, pero mi experiencia de cronista no hubiera sido la misma de no ser por lo que logré ver hacia el final. Vi gente que tras entender el amor como un proceso de entrega, de disfrutar su soltería como el escenario de preparación, ayer encontró un tiempo de interacción -la palabra más repetida de esta entrada-, con gente del sexo opuesto que tiene una estructura similar de pensamiento y de fe. Vi esperanza, gloria, consuelo, así como a Esperanza, a Gloria y a Consuelo compartiendo con Belisario, Antonio y Danilo. También vi a Soledad, quien se quedó con Clemencia hablando de Amador, el tipo que más escándalo hizo con la actividad pero resultó no yendo.

Me desplayé escribiendo la entrada más larga de mi historia bloggera, pero vale la pena solo para dejar sentado que Dios piensa en todo, tiene un tiempo para todo y que aunque siempre hay una primera vez, no siempre hay una segunda oportunidad. La mía todavía no llega -la oportunidad, claro-. ¿O sí?